LA COMUNIDAD LATINA EN ESTADOS UNIDOS III

Escribí sobre los retenes la semana pasada y, casualmente, ese  mismo sábado me invitaron a una reunión de una organización llamada C.O.L.A. (Coalición de Organizaciones Latino-Americanas) dedicada a apoyar a la comunidad latina de esta área de Estados Unidos.
Realizado en un centro comunitario, el Encuentro reunió aproximadamente a 30 personas de diferentes culturas, razas e idiomas. A partir de las diez de la mañana, se comenzaron a dar las instrucciones para realizar exitosamente la reunión: se podría hablar en inglés o en español, en el idioma en que el participante se sintiera más cómodo siempre y cuando no se intercalaran palabras del otro idioma para evitar poner en problemas al traductor. Todo lo expresado en la reunión, salvo las conversaciones personales, era traducido simultáneamente (para evitar que un idioma dominara al otro) por personas preparadas para tal ocasión y utilizando un trasmisor que enviaba la señal a los aparatos que podían utilizar los asistentes.
Nos permitieron interactuar con pequeños ejercicios de presentación que fueron tal vez los menos trascendentes pero los más divertidos. Lo más importante de El Encuentro fueron las participaciones acerca de los temores de la comunidad latina y el conocimiento que algunos sectores de la comunidad americana tienen sobre todo ello. Iniciamos comentando algún pensamiento o sentimiento que nos motivara a estar allí y aunque yo había sido invitada por casualidad tenía una anécdota personal que contar:
El domingo dos de agosto estuve de paseo en Charlotte, N.C. con la persona que me recibe muy amablemente en su casa; sin embargo, después de pasar una tarde excelente disfrutando la ciudad, estábamos regresando al lugar donde habíamos dejado el auto y aprovechábamos para tomarnos fotos en los lugares más bonitos. Hubo un momento en que se nos ocurrió acercarnos a unas figuras iluminadas que parecían parte de un museo, pero que resultaron ser una parada de tranvía. Tal como lo habíamos hecho antes, tomábamos fotos con flash porque era de noche cuando aparecieron dos policías que preguntaron por qué estábamos fotografiando el lugar.
Mi acompañante, quien tiene algunos años en Estados Unidos empezó a decir que  éramos turistas, lo cual era cierto, pero uno de los policías nos pidió los ID o identificaciones. Yo no era el centro de atención porque a pesar de que entregué mi pasaporte, el policía nunca revisó mi visa. Esperó a que mi compañero le entregara su licencia y lo sometió a un interrogatorio sobre sus datos, que ahora sé no es del todo legal porque debió conformarse con revisar las identificaciones.
Cuando mi acompañante le dijo al policía que estaba dispuesto a borrar todas las fotos en la estación del tren, contestó que no estaba prohibido tomar fotos pero que desde el 11 de septiembre es necesario que los datos de quienes lo hacen se mantengan en poder de la policía por cualquier cosa y que, aunque sabía que nosotros no éramos terroristas y no estábamos bajo arresto, habíamos aceptado voluntariamente entregar nuestros papeles y dar la información requerida. No pasó a mayores y nos devolvieron nuestros papeles sin más problemas.
Fue un momento difícil pero no aislado, porque en el Encuentro de C.O.L.A. se habló de situaciones similares vividas o presenciadas por los asistentes y presentaron una obra de teatro con partes de las historias de las personas que fueron arrestadas en su  trabajo en una fabrica durante una ola de redadas en esta zona. Esos 57 arrestos fueron muy conocidos porque los trabajadores mujeres y hombres latinos en su mayoría fueron citados a trabajar con pleno conocimiento de su patrón de que serian arrestados y en una aparente reunión del sindicato se les impidió la salida para que los policías empezaran a arrestarlos y enviarlos a la cárcel para el proceso de deportación sin darles oportunidad de despedirse de nadie.
La obra de teatro completa tiene otros apartados menos tensos y hasta divertidos que relatan la vida de los latinos en Estados Unidos, pero para el Encuentro eligieron los más vinculados con los problemas legales de los migrantes y fue estremecedor conocer de boca de los propios afectados representados por actores, sus miedos al momento de estar incomunicados y esposados pensando en los problemas que su deportación creaba para su familia y ellos mismos.
Es encomiable la labor que realiza esta organización no solo por sus fines sino porque está conformada en su mayoría por personas americanas, como las tres chicas con las que viajé en su automóvil quienes dedican gran parte de su tiempo a apoyar a los latinos y a quienes les pregunté sus motivos para hacerlo. La próxima semana hablaré sobre ellos.
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