SECRETOS

Dos hombres diferentes, Julian Assange y Mark Zuckerberg, relacionados ambos con la tecnología han estado (y seguirán estando) en los titulares de los grandes periódicos y en las portadas de revistas impresas, así como en el internet y la televisión por razones muy similares: Indagar y revelar secretos de gobiernos y de personas.

Zuckerberg ha permitido que se exponga lo que antes era considerado vida privada en la red social más grande del mundo, Facebook, donde para convertirse en miembro tenemos que dar datos como orientación política o creencias religiosas. Él es un joven egresado de Harvard, cuyo rostro aparece en el último número de la revista TIME que le otorgó el reconocimiento de Persona del Año 2010 “por conectar a más de medio billón de personas y mapear las relaciones sociales entre ellas y por crear un nuevo sistema de intercambio de información y cambiar cómo vivimos nuestras vidas”, de acuerdo a la propia revista.
En contra de esta gran presentación, la película Red Social, que se estrena este fin de semana en México y que está basada en la vida de Zuckerberg, magnifica su personalidad pero también hace hincapié en los medios poco honorables que usó para convertirse en el dueño de Facebook. Es así que hoy enfrenta demandas legales por la forma en que inició su red social.
Nuestro segundo personaje, Julian Assange, es el fundador de Wikileaks, ese sitio web desde donde se filtraron documentos acerca de temas nodales para el gobierno de Estados Unidos y que hace poco incluyó a gobiernos de muchos países del mundo sobre temas a veces frívolos pero que dejan al descubierto el modus operandi de la diplomacia estadunidense y los comportamientos de los gobiernos locales.
Assange fue acusado de acoso sexual en Suecia y fue detenido la semana pasada en Gran Bretaña. Su detención dio lugar a que fuera respaldado por hackers (esos genios informáticos a quienes nada impide entrar a los centros económicos, políticos y militares del mundo a través de una computadora) que bloquearon páginas financieras importantes como las de VISA y MasterCard, y por diferentes organizaciones que consideran que la acusación tiene que ver con su trabajo revelando lo que los gobiernos ocultan y no por situaciones genuinas de su comportamiento sexual. Ayer Julian Assange fue puesto en libertad, aunque sigue expuesto al odio enconado que ha provocado su labor de difundir secretos de Estado, con una de sus máximas enemigas en Sarah Palin la posible candidata republicana al gobierno de Estados Unidos, quien ha animado públicamente a sus conciudadanos a cazar a Assange como a un talibán.
Mark Elliot Zuckerberg inició un negocio con los secretos de la vida de sus amigos, compañeros y familiares. Hoy es el joven multimillonario dueño de su red social con quinientos millones de miembros y ganancias anuales de dos mil millones de dólares. En comparación, Julian Assange, quien se abocó a la tarea de destapar las decisiones que los gobiernos toman en secreto, es famoso y tal vez rico pero también un perseguido político cuya vida se mantiene en peligro por ejercer el derecho a la información que tenemos los ciudadanos del mundo.
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