LA COMUNIDAD LATINA EN ESTADOS UNIDOS

El lugar a donde vine para aplicar las encuestas que necesito para culminar mi tesis de maestría en ciencia política está en un área considerada hasta hace poco libre de latinos. Sin embargo, hoy es un condado con una vibrante comunidad latina donde ya no faltan los ingredientes para preparar todo tipo de platillos mexicanos; en el que puedes realizar una fiesta con todo lo que se utiliza en México –salvo bebidas alcohólicas porque algunos locales tienen reglas estrictas al respecto-: la banda de música, las carnitas con frijoles charros y salsa roja o con música grabada y todos los éxitos del momento en cumbias, salsa, duranguense y con mole verde con arroz.
Usted ve a 300 latinos en su mayoría mexicanos hablando español, enseñando a sus hijos a vestirse como en su ciudad o pueblo de origen –con botas y sombreros- y a los niños vestidos de mexicanos pero hablando fluidamente inglés con los otros niños. Una mezcla fantástica de estilos de vida y una total adaptación a las reglas del país que recibe a nuestros paisanos.  
Qué  vuelve vulnerables a los migrantes en un país extraño y, por tanto, los hace ávidos de contacto social con gente igual a sí mismos en muchos aspectos: una tierra conocida y considerada propia, formas de socializar a través de una red familiar extensa de la que la mayoría carece por acá, además del idioma y la comida. Se vuelven vulnerables y buscan una red social que cubra sus necesidades de ser aceptados y contar con una familia sustituta que los apoye. Dejan de lado muchas formas negativas de nuestra cultura en territorio mexicano y se reconocen como parte de una comunidad latina o hispanics como nos llaman los norteamericanos. Se vinculan y mezclan con el resto de las nacionalidades latinoamericanas porque aquí somos considerados iguales.
Ayer revisaba la página web del New York Times y encontré un mapa de cómo se distribuye la inmigración a lo largo del territorio de Estados Unidos de acuerdo a sus lugares de origen: asignan diferentes colores a cada grupo extranjero y colorean los diferentes condados (municipios) de acuerdo a la preeminencia de una minoría. El color púrpura o morado es el de los latinos y puede verse como ha cubierto casi completamente varios estados como California, Nevada, Arizona, Texas, New Mexico y Florida, lo cual no es una novedad.
Lo nuevo es encontrar manchas moradas en lugares donde hace poco lo latino era extraño. A pesar de la crisis que ha golpeado con fuerza a los grupos que se dedican a la construcción  y que ha mermado las oportunidades de trabajo y los salarios, obligando a varios a regresar a México, muchísimos mexicanos tienen sus vidas asentadas en este país, tienen propiedades de varios acres o una traila (casa rodante), poseen autos, pagan sus impuestos, sus hijos son ciudadanos, ellos mismos esperan convertirse en ciudadanos o residentes, sin embargo, mantienen un estrecho contacto con lo que sucede en el territorio mexicano.
Como dije al principio, estoy aquí para preguntarles a mis paisanos por qué no votaron en las pasadas elecciones presidenciales si fue una de las demandas más importantes que tuvieron a lo largo de las últimas tres décadas. En junio de 2005 fue instrumentado el voto para mexicanos en el extranjero, mismo que había sido aprobado de forma implícita en 1996. Para 2006 deberían haber votado  los casi doce millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. No fue así, tengo varias hipótesis que voy a confrontar con las encuestas que estoy aplicando por acá.
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