NUEVOS MUNDOS

Carabela. mgb

Si Cristóbal Colón quisiera llegar hoy a un mundo nuevo tendría que hacer que sus tres carabelas surcaran las redes sociales en internet. En esas lejanías yigabáiticas de fotos, vídeos, sonidos, canciones, símbolos y letras, existen también nuevos lenguajes. Lenguajes totalmente desconocidos para la mayoría porque son personales y no pretenden ser entendidos aunque sí quieren comunicar.
No sólo estoy refiriéndome a quienes sin pudor y carentes de todo conocimiento gramatical y ortográfico se avientan a escribir en la red. Parafraseando, escriben porque tienen manos y un teclado o mouse para hacerlo y un círculo de amigos que entienden lo que escriben porque ellos mismos destrozan igual el castellano. Estoy hablando de formas nuevas de escritura donde se usan letras, números, símbolos dispuestos de manera especial y muchas veces inasequibles a los lectores salvo para el propio escribano. Una especie de grafiti virtual muy personal dirigido a todos, entendido por pocos.
Además de nuevos lenguajes, la red es testigo de actividades desconocidas en otros ámbitos. Por citar un ejemplo, hijos que mantienen una doble vida porque sus padres desconocen sus intereses y relaciones virtuales. Sabe usted qué páginas abren sus hijos en internet, qué sitios visitan. Más fácil, qué foto de usuario o avatar tienen en su Facebook o Twitter o en su messenger. ¿No? Pero sí sabe qué escribe y con quién intercambia pensamientos y fotos su adorable nena o su príncipe.
Si usted no tiene una cuenta en estas redes sociales, lamento informarle que no existe. No tiene vida para millones de cibernautas que tienen una dirección electrónica, un nombre de usuario o nickname y un subnick o lema que represente su vida por meses, semanas, días u horas.
Aunque le parezca extraño una niña de diez años a quien no le permiten salir sola ni a la esquina, mantiene aquí en Chilpancingo una cuenta de féisbuk con 300 amigos a los que puede monitorear, de los que puede aprender cosas que usted ni se imagina, a los que les cuenta lo que no puede o no quiere contarle a su mami, que a su vez está iniciando su propia red social con siete personas en su grupo de amigos y lo aumenta de vez en cuando con uno o dos, mientras la niña multiplica sus vínculos virtuales a velocidad sorprendente porque asiste a una escuela privada donde tooodooo mundo tiene su cuenta virtual. ¿El papá? No existe en la red, ni le interesa.
Los más activos en este mundo virtual son los chicos en edades de 12 a 24 años quienes hacen del messenger una red activísima de chateo escrito y con voz y video que permite traspasar prohibiciones, mantiene a flote relaciones clandestinas, desaparece fronteras y fomenta amistades. El problema no es la red sino el uso que se hace de ella, han escrito los conocedores del tema. Pero si usted o yo desconocemos cómo acceder a ella o accedemos e ignoramos a qué lugares virtuales logran entrar nuestros hijos que se conectan sin restricciones en el ciber o en su celular o en casa, ignoramos que nuestro niño entra a páginas porno y nuestra dulce niña mantiene candentes conversaciones con sus conocidos y, a veces, con desconocidos. Estamos lejos de saber el peligro que viven nuestros hijos en la seguridad aparente de nuestra casa.
Margarita Bello Damián
twitter @margaritabeldam

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