Twitter

Las peripecias que debemos hacer los que tenemos más de treinta para seguir el ritmo de la tecnología y estar a la vanguardia en la información que se genera día a día a veces se convierten en sacrificios. Tengo una cuenta Twitter desde hace más de un año con el afán de mantenerme informada. Contrario a las declaraciones de otros en sus tweets donde he leído que “Facebook es para las personas que conozco pero que no soporto y Twitter para las que no conozco pero que me encantan”, yo no he soportado la constante descarga de información de muchas personas en Twitter.
Y es que existen quienes twitean cada paso que dan en su día por lo que generan una cantidad deleznable de tweets que llenan mi cuenta y no permiten encontrar la información importante. He dado de baja a artistas, comunicólogos y gente que admiro por alguna razón, quienes se volvieronn difíciles de seguir porque tuitean cada cinco o diez minutos.
Entre los primeros que seguí estaba un profesor de la máxima casa de estudios en nuestro país quien escribe muy bien en su página “formal”, pero tiene un alter ego tan repulsivo que dejé de seguirlo a los pocos días. Al principio seguí a su alter ego por curiosidad, aunque no lo comprendía, después me di cuenta de que era una deformación de sí mismo donde volcaba todo aquello que no podía decir como autor de libros de Derecho muy recomendados.
En general, sigo a quien realmente admiro, a quien hace un uso racional de la red social, a quien me sigue -como una forma de solidaridad- y a páginas de organizaciones, universidades o publicaciones nacionales e internacionales. Hace unas semanas caí, no sé cómo, en la tentación de seguir a una chica que estaba nominada a un premio por sus tweets humorísticos. Ese premio lo otorga una empresa neoyorkina que se dedicaba a encontrar a los más populares por diferentes razones como su sentido del humor.
La mencionada señorita tuitea por supuesto en inglés, su lengua natal, a cada minuto sobre lo que piensa, lo que hace, lo que ve, lo que quiere, lo que le sucedió en la escuela. Lo dice sin recato alguno. Así, te enteras que odia esto y ama aquello y de paso inserta un comercial, sí un comercial como de televisión porque al nivel que ella se desenvuelve en twitter (más de doscientos cincuenta mil seguidores) hay empresas que pagan para que diga en sus tweets que compra y usa tal o cual marca y aumentar sus ventas. Es decir, tú tuiteas sobre lo que te interesa y te pagan debido a que tus seguidores son un mercado cautivo deseable para la empresa.
Mi favorito es Diego Beas un autor español quien escribe en varios diarios internacionales y en Reforma, que tuitea sus propias aportaciones además de links muy interesantes en los cuales me he basado algunas veces para escribir mis artículos. Desde mi punto de vista tiene una cuenta muy útil. Conclusión: Twitter es bueno pero hay que ser cuidadosos con los que seguimos y respetuosos de quienes nos siguen.
Publicado en Diario Vértice el 12 de marzo de 2011.

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