SE PRESUME INOCENTE

El documental Presunto Culpable es una visión muy certera y fundada de cómo el sistema judicial mexicano está presto a castigar inocentes porque significa mantener el trabajo de cada una las personas que conforman el engranaje: los policías judiciales, la fiscalía o ministerio público o representante del Estado acusador, los jueces, los secretarios de acuerdos, los licenciados en derecho que fungen como defensores de los acusados. Es probable que todo implicado en un caso judicial penal transforme el interés común de perseguir de oficio los delitos graves en un afán personal de cumplir con su “chamba”, como lo expresa la propia MP en el filme.
Presunto culpable expone las deficiencias del sistema judicial mexicano para juzgar a un inocente que ha sido señalado como culpable y que pierde toda oportunidad de defensa en tanto ignora sus derechos y no puede exigirlos, además de que todos se confabulan en su contra para dictar sentencia de culpabilidad.
Lo más llamativo para mí en este documental es de qué manera lograron concluirlo, porque cuando una o varias personas se enfrentan a un sistema de cosas establecido en nuestro país, es muy probable que los implicados tomen venganza y amedrenten a quienes se atreven a levantar la voz para denunciar sus tropelías.
Tuve la desgracia de encarar a un profesor en la unidad académica de Derecho que con desfachatez y mucha necesidad de obtener dinero a toda costa defraudó (y sigue defraudando, para vergüenza de nuestra Universidad) a sus alumnos con la complicidad de las autoridades administrativas de esos años 2004-2006.
El delincuente, amparado en la muy conocida costumbre de algunos alumnos de obtener calificaciones a cualquier precio menos el de estudiar, organizaba rifas que involucraban a sus grupos. Se dirigía a todos los alumnos pero utilizaba al jefe de grupo como gerente de ventas. El día que nos solicitó que le lleváramos el dinero recaudado en las rifas –el cual sería usado para comprar computadoras para la facultad- me llamó la atención que nos citara a solas para hacer cuentas. Me negué a darle el efectivo si no me daba un recibo, y en la siguiente oportunidad –con él en el salón de clases- expuse el problema a mis compañeros y lo acusé de tratar de defraudarnos.
Presenté la denuncia por escrito ante la Dirección que ningún interés mostró por este asunto y, por último, recurrí al Consejo de Unidad Académica para que, como máxima autoridad, tuviera conocimiento y procediera en contra del mencionado ajolote. ¡Sorpresas te da la vida! El delincuente –ha estado dos veces en la cárcel acusado de fraude por dos de sus clientes a quienes ha extorsionado con cantidades enormes y no ha logrado ganar sus casos- no fue enjuiciado y volvió en contra mía a una parte del grupo que yo representaba y que me propuse defender.
No puedo negar que encontré una gran solidaridad entre muchos de los compañeros y aprendí que hay personas como Teresita quien me dijo que ella decía la verdad porque se lo enseñaron en su casa, pero también vi el lado terriblemente oscuro de quienes en afán de ganar una o varias calificaciones de parte del citado individuo llegaron a amenazar de muerte a mi esposo, me hicieron la vida imposible en el salón y presentaron una querella en contra mía por difamación ante el MP, misma que no procedió por que no la ratificaron.
Como mencioné arriba, el delincuente, quien se presume inocente de todos los cargos –a los que hay que agregar los de acoso y abuso sexual de las alumnas- ha sido señalado por varias personas como un docente nefasto en nuestra universidad y un pésimo litigante en la localidad, pero ha sido liberado gracias a las grietas de ese sistema de justicia que mantuvieron preso a José Antonio Zúñiga durante varios años y que en el caso del señor Astudillo lo han dejado en libertad y lo mantienen al frente de grupos en la UA de Derecho .
Es así que la solicitud de suspensión definitiva que ampararía al quejoso en contra de la exhibición comercial del documental de Roberto Hernández y Layda Negrete era de preverse y fue una mínima represalia en su contra. Me asombra que no se mencionen otro tipo de amenazas en contra de quienes participaron a favor de Zúñiga denunciando al sistema judicial, salvo el temor expresado por el procesado de ser lastimado por los judiciales dentro del penal.
Creo que quienes fueron expuestos en el filme nunca pensaron que se trataba de un trabajo serio que saldría a la luz. Vale la pena ver el documental aunque nos entristezca comprobar que vivimos en el mundo del revés.
Publicado en Vértice el 21 de marzo de 2011

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