Medianoche en Paris

Midnight in Paris es el título de la última película de Woody Allen que no parece ser de él, porque su sello de esquizofrenia neoyorkina no aparece por ninguna parte. En cambio la belleza de Paris y sus alrededores luce en todo su esplendor.
Tal vez no será estrenada pronto en México, sin embargo vale la pena esperar con ansias su premier porque Allen se olvida de sus antiguos fetiches-actrices, incluso de la muy joven Scarlett Johansson y la española Penélope Cruz quienes actuaron en una producción anterior del director estadunidense, rompiendo su costumbre de mantener a los mismos protagonistas durante décadas.
El hecho de que Allen haya combinado la simple anécdota de una pareja estadunidense que viaja a Paris antes de su boda, con los paisajes de la capital parisina logra una cinta romántica y nostálgica sin ser pegajosa. Gil –Owen Wilson, quien no pensé que pudiera desvincularse de sus malos filmes del Oeste- es escritor y considera que la década de los veinte del siglo pasado en la capital francesa fue la época dorada para cualquier artista. Desea haber vivido en ese tiempo y haber convivido con la crema y nata del arte mundial.
Una noche en que la pareja protagonista se separa, ella se va a bailar con amigos, y Gil toma un paseo por los alrededores del hotel, después de una larga caminata se sienta a descansar en una escalera bajo un campanario, donde a la medianoche suena el reloj. Un auto antiguo aparece en la calle, se para junto a él y alguien desde adentro lo invita a subir.
Cansado y desconcertado acepta el paseo que lo llevara a lugares y épocas insospechadas. Conocerá a personas muy importantes para el trabajo que tiene en proceso y que lo obligaran a reflexionar sobre su vida en general.
Si la anécdota no le parece llamativa o interesante aun tal vez la presencia de Carla Bruni en la cinta lo haga cambiar de opinión. La primera dama francesa tiene tiempo para acompañar a su esposo y para participar en este nuevo filme de Allen.
Cualquiera que sea su interés, la cinta de Allen cumple los requisitos de belleza en su fotografía, buenas actuaciones y la remembranza de épocas y personajes del pasado que han influido en el arte contemporáneo.
La reflexión más importante a que me llevan esas medianoches en Paris es que muchos añoramos épocas distintas a las que nos toca vivir o idealizamos lugares y tiempos que creemos mejores. A veces lo son en algún sentido, sin embargo, la mejor época es la que nosotros disfrutamos o sufrimos, según nuestra óptica. Tenemos que tomar la decisión que nos parezca más adecuada para nuestros intereses y sentimientos. Así lo comprende Gil y su resolución determina un cambio insospechado en su vida.

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