Migrantes indocumentados

En este mundo globalizado donde todo parece ubicarse en este lugar en este momento, las fronteras no han logrado desaparecer para permitir que los cada vez más numerosos migrantes en todo el mundo puedan moverse libremente entre continentes, entre regiones o entre países.

La Organización Mundial para la Migración (IOM) habla de casi doscientos millones de personas que no viven en su país de origen por motivos económicos (falta de trabajo), políticos y humanitarios (refugiados). Sin embargo, a diferencia de las mercancías o productos elaborados en un país que pueden venderse en otro pagando ciertos impuestos, la mano de obra migrante es considerada desechable y no está regulada salvo en contadas excepciones.

Casi todos los migrantes provienen de países llamados tercermundistas o periféricos que son expulsados debido a las condiciones de pobreza o de violencia que existen en ellos. Aun cuando la mayoría de los migrantes se adaptan a cualquier trabajo en las condiciones que sean, conocedores de que su status legal no es adecuado para desempeñar un oficio o profesión en los países receptores –casi siempre en el primer mundo-, su presencia ahí se considera nefasta.

En Estados Unidos existe un movimiento liderado por Sarah Palin y otros ultraconservadores que promueve la expulsión de la mano de obra migrante, principalmente latina, a la cual culpan de muchos de los problemas que existen en este país en la actualidad. Por supuesto, la señora Palin no conoce a un trabajador mexicano que es, en general, dedicado, puntual y muy barato comparado con uno de sus paisanos quienes toman descansos para fumar, se ponen al tú por tú con el empleador y –a veces- son impuntuales.

En Europa, los países mediterráneos principales receptores de la mano de obra africana han endurecido sus leyes en contra de los migrantes indocumentados quienes viven en condiciones de hacinamiento infrahumanas que en ocasiones los lleva a la muerte. Al respecto, la última película de González Iñárritu, Biutiful, es un crudo relato de la vida de los migrantes en España.

Relacionada con ese filme y con la investigación que sobre migraciones he venido realizando, el martes cinco de julio apareció en El País una noticia de cómo los indignados del 15-M impidieron que la policía se llevara a un joven senegalés al que en apariencia arrestaban por falta de papeles migratorios en orden. Aun cuando la protesta fue pacífica, la cantidad de manifestantes y su excitación hizo que bambolearan los autos de los policías quienes muy asustados pidieron refuerzos, sin lograr que la muchedumbre se dispersara. Por el contrario, la policía tuvo que abandonar el barrio de Lavapiés (netamente migrante) sin ningún detenido.

El incidente es inédito en cuanto a los resultados pero muy común en lo que se refiere a su organización para respaldar a los migrantes indocumentados que viven en algún lugar del planeta. Lo corroboré ese mismo día cuando encontré etiquetada a una amiga de FB en la foto de una marcha en protesta por las leyes que están siendo aprobadas en contra de los migrantes en Georgia, Estados Unidos. En ambos casos queda muy bien uno de los lemas utilizados en Lavapiés: “Ningún ser humano es ilegal”.

Publicado en Vertice 9 de julio de 2011.

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