SUEÑOS

Los sueños se cumplen si se persiste en ellos y se trabaja para lograrlos. Me gusta acordarme de la gente que amo todos los días y no solo los que marca la etiqueta, es decir, los cumpleaños, los aniversarios o los funerales. Hoy voy a escribir sobre la persona que me ha ensenado a soñar, mi hermano Ricardo. Juntos hemos descubierto que la mejor manera de vivir es trabajar soñando o soñar trabajando para alcanzar las metas.
Desde niño Ricardo dio muestras de la inteligencia que lo caracteriza. Tenía seis años cuando subido en una silla para alcanzar el mostrador, hacía cuentas mentales para cobrar a los clientes en el negocio de nuestra familia y las personas quedaban asombradas por sus aptitudes para las matemáticas. De igual forma con su aplomo característico lograba -cada vez que salía de paseo o por algún encargo de mis padres- que el taxista o el chofer de la combi admitiera como pasajero a Zuky, su perro, aunque ello iba en contra de los reglamentos de transporte.
Podría contar muchas anécdotas divertidas e interesantes sobre la infancia y la adolescencia de mi hermano, sin embargo mi deseo es reconocer la influencia benéfica que ha tenido en mi existencia. Mi hermano menor me ha enseñado muchas de las mejores cosas en mi vida. Ha estado conmigo en los mejores y en los peores momentos, salvando la distancia física que nos separó durante casi diez años.
Ricardo es un intrépido y exitoso empresario que ha tomado las riendas de su vida con mucha pasión y entusiasmo. Ha sabido ser perseverante y obstinado en un ambiente que a veces ha sido negativo para sus sentimientos o para sus intereses. A pesar de ser tan joven, es un muchacho organizado y sensato que ha aprendido sus lecciones a solas sin ser introvertido. Todo lo contrario, en el lugar donde radica cuenta con un extenso número de conocidos y un selecto pero no reducido grupo de amigos que lo quieren y lo cuidan.
No obstante que es una década menor que yo, Ricardo me ha dado lineamientos fundamentales para mi crecimiento personal, me ha enseñado solidaridad en los momentos en que he sentido desfallecer, me ha escuchado con paciencia las mil y una cosas que le contaba durante las largas horas al teléfono para minimizar nuestras ausencias, me ha dado fortaleza y me ha apoyado cuando he necesitado un amigo. En realidad mi hermano es mi gran amigo. Si otros cuentan con un mejor o una mejor amiga que no es de su familia, yo puedo decir que, en mi caso, esa figura la cumple a cabalidad mi hermanito.
Yo ignoraba hasta hace poco que yo he motivado varias decisiones fundamentales para él: sus deseos de conocer el mundo y aprender otros idiomas, su certeza de que puede –ya lo ha hecho- alcanzar grandes metas, no abandonar sus propios sueños y sus ganas de leer y cultivarse. No sé si estamos a mano, creo que no. Pienso que en este intercambio de opiniones, ideas y proyectos, quien ha salido ganando he sido yo, porque no cualquiera puede tener un hermano como el mío: inteligente, organizado, decidido, sensible, solidario y, sobre todo, un gran amigo.
Publicado en Vertice 16 de julio de 2011.

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