Mujeres árabes

La semana pasada escribí acerca de los mejores y los peores países en donde una mujer puede habitar. Me referí a Afganistán como el segundo peor lugar para nosotras, según lo designaba Newsweek. Afganistán es uno de los países musulmanes o islámicos en donde las fuertes tradiciones religiosas someten a la mujer al dominio del hombre.

Esta semana la nota en los periódicos la ha dado Arabia Saudita. El domingo pasado el rey Abdullah, cabeza de la monarquía absoluta que reina en este último país, decretó que las mujeres tengan derecho a votar y a contender como candidatas las próximas elecciones municipales de 2015.

En apariencia este decreto no sería aplicado en las elecciones municipales que se llevaron a cabo el jueves 29 de septiembre –además de que limita la participación femenina sólo a nivel municipal- sino que retarda su aplicación por cuatro años más y, desde el punto de vista de la oposición, es una medida que desvía la atención de sus demandas acerca de que los 150 miembros del Shura sean electos, no designados. Es decir, al otorgar el voto pasivo y activo a las mujeres, el rey está soslayando las demandas de los activistas para introducir un Consejo nacionalmente electo.

Según un artículo de Nada Bakri, aparecido en el New York Times el 25 de septiembre, una demanda más importante por parte de las mujeres sauditas es que se les permita conducir. Al respecto, apareció una nota el martes 27 en The Washington Post donde se informaba que en Arabia Saudita una mujer había sido sentenciada a 10 latigazos por desafiar la prohibición de manejo a su género.

Esta sentencia fue revocada por el rey la noche del miércoles, pero no cambia el status de menores de edad que mantienen las mujeres en Arabia Saudita. Aunque no existe una ley escrita que impida manejar a las musulmanas -y a las extranjeras-, la proscripción se basa en creencias religiosas que dictan que dar libertad de movimiento a las mujeres las hace susceptibles a pecar.

Zein el-Abydeen, activista musulmana a favor de los derechos de las mujeres, expresa que el castigo de azotes es exagerado porque, en comparación, la máxima penalidad para una violación de tránsito es una multa. Aduce además que las mujeres del Profeta Mahoma podían montar camellos y caballos que eran los únicos medios de transporte en ese tiempo y no se les impedía movilizarse como en la actualidad.

Lo cierto es que cada vez más mujeres sauditas están desafiando las antiguas costumbres islámicas que las mantienen en un segundo plano, muy por debajo de sus tutores masculinos quienes tienen el poder de otorgarles permisos para cualquier asunto que implique el desarrollo independiente de la mujer. Ojalá pronto su lucha se materialice en el respeto a sus derechos humanos y en mejores condiciones de vida. Publicado en Vértice octubre 1, 2011.

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