MENSAJES

Durante las dos semanas anteriores un conocido mío, licenciado en derecho, recibió varios mensajes de texto idénticos en su celular que iban dirigidos a un ingeniero. Nada extraño tiene que, por error, recibamos llamadas o mensajes dirigidos a otra persona. Lo llamativo es el contenido de los mensajes.
“Ingeniero, disculpe que lo moleste soy el presidente municipal de tal localidad, lo que pasa es que quedó una cuenta de cemento de ocho toneladas. Ojalá me haga fuerte, es que no acompleto (sic) para pagar aguinaldos y además andamos gastados por la campaña. Son 16 800. Apóyame por favor, mi número de cuenta es tal a nombre de fulanita en este banco”.
Tres cosas resaltan en el texto, desde mi punto de vista. Primero, el tono rogatorio del mensaje, un tono casi suplicante de quien sabe que tiene el agua al cuello porque no reúne el dinero para pagar los aguinaldos que corresponden a los empleados de su municipio.
Segundo, la razón por la cual no se tiene dinero. No porque se invirtió en obra pública o en apoyos a los gobernados. El dinero faltante en la obra inconclusa se gastó en campañas políticas que deberían ser solventadas con los recursos del partido, no del erario público.
Tercero. El dinero no será depositado en una cuenta pública del Ayuntamiento sino a nombre de una persona de sexo femenino de quien se da el nombre completo y número de cuenta en el mensaje, lo que hace dudar acerca del uso que se le dará. Es probable que no será usado para el fin que se menciona, sino para las necesidades personales del presidente municipal.
Recuerdo que durante mis estudios de maestría los compañeros discutían apasionados su deseo de que las cosas en el gobierno cambiaran. Sostuve alguna vez frente a ellos y lo repito aquí, muchos quieren que lo que cambie en el gobierno sean las personas que nos gobiernan, para ser sustituidas por sus allegados.
Me explico: La mayoría de los que se dicen en la oposición están ahí criticando las rapacerías gubernamentales y la avaricia de quien está en el poder, cuando en realidad lo que desean es que el estado de la situación se mantenga hasta que alguien cercano llegue y puedan participar en los robos al erario. No desean un cambio de gobierno que permita que el país sea diferente, anhelan que las personas que roben sean diferentes, de preferencia sus conocidos, para que tengan la esperanza de ser beneficiados por los desvíos de presupuestos.
Tal vez a algunos les parezca exagerada mi afirmación, sin embargo la experiencia política me da la razón. La alternancia de partidos en el poder no ha impedido que continúen los desvíos al presupuesto público para uso personal o para su utilización en las campañas electorales. Al contrario, para los políticos la incertidumbre de mantenerse en el poder los ha vuelto incontrolables y descarados.
Publicado en Vértice el 03 de diciembre de 2011.

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