SISMOS

Dos temblores de gran intensidad sacudieron la semana pasada a nuestra entidad y la convirtieron en tema recurrente de los medios de comunicación y de las redes sociales. Después del sismo de 1985 vivimos con el temor de que un nuevo movimiento telúrico de proporciones inusitadas arrase con la zona donde habitamos, definida geológicamente por placas litosféricas en constante movimiento.
Cualquier movimiento de tierra, por leve que sea, nos pone en estado de alerta porque sugiere que puede ser el definitivo, el último temblor que sentiremos antes de morir bajo los escombros de nuestra casa o lugar de trabajo. La noche del diez de diciembre, será comparada por los habitantes de Chilpancingo y zonas cercanas, como similar a la mañana de septiembre de 1985. Una diferencia cambió los resultados: su duración.
De acuerdo a la información del director de Protección Civil en Acapulco Melquíades Olmedo Montes, basado a su vez en el Sistema Sismológico Nacional, el temblor fue de tipo profundo, razón por la cual no tuvo un gran periodo de duración y, por lo tanto, no causó graves daños materiales -aunque sí dejó algunas desafortunadas pérdidas humanas-.
Un sismo más, éste gubernamental, se suscitó a partir de una situación a la que podríamos estar acostumbrados: los cierres de vías de comunicación nacionales y locales por parte de cualquier grupo organizado que desee obtener solución a sus demandas.
El lunes doce, a las doce del mediodía, se dio un cruento enfrentamiento entre estudiantes de Ayotzinapa y las fuerzas policíacas de todos los niveles sobre la Autopista del Sol, a la altura del Parador del Marqués, sitio preferido para bloqueos por su estratégica ubicación para el control absoluto de la circulación de acceso a nuestra capital desde Acapulco y de salida hacia el puerto.
El desalojo culminó en primer lugar con la muerte de dos estudiantes en el sitio del bloqueo y con un sismo a nivel burocrático que ha hecho caer al Procurador de Justicia y al Secretario de Seguridad Pública. Muchos consideran que la forma alevosa en que fue resuelto el bloqueo debería lograr también la renuncia del Secretario de Gobierno, titular de la dependencia encargada de hacer cumplir los protocolos de seguridad en esos casos, y del gobernador del Estado quien tiene el deber de “proveer la tranquilidad y seguridad públicas” (art. 74 de la Constitución Política del Estado de Guerrero).
Un sismo natural muy temido -no el último, por supuesto- tuvo pocas consecuencias materiales y humanas en proporción a su intensidad. En cambio, una situación cotidiana que pudo ser resuelta en forma pacífica, culminó con graves daños a la estructura gubernamental que tal vez no han finalizado.

Publicado en Vértice el 17 de diciembre de 2011

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