Mar de historias

¿Que soñé anoche? Contigo como muchas veces. En mi sueños me convierto en la mujer que quiero ser, aunque anoche perdí mi bolso de mano, una obsesión en la vida real que casi no suelto. Te decía, veía al papá de Rodrigo Murray, don Guillermo, enamorado de mí en este sueño y yo encantada de que un hombre tan guapo –lo recuerdo de hace dos décadas, tal vez- estuviera pretendiéndome y me gustaba la sensación de caminar a su lado.

Después de encontrar mi bolso perdido que yo recordaba negro -era rojo vino brillante y estaba dentro de una bolsa dorada más grande-, intacto en la misma tienda donde lo había dejado días atrás, Guillermo me decía que fuéramos a caminar al muelle que había construido para mí. Alrededor del muelle había tejido una red –de estambre, no de cáñamo- que iba desde el barandal hacia arriba impidiendo que alguien cayera desde él. Caminábamos hacia el mar tomados de la mano pero antes, al subir las escaleras del muelle, pasaba junto a ti. Sentía tu mirada recorrerme y reclamarme blandamente por traicionarte. Sabía, sin embargo, que me perdonabas y me seguías queriendo. Pensaba: tengo que darme la oportunidad de disfrutar junto a Guillermo porque es mayor, después podré disfrutar contigo porque eres más joven.

En mi ilusorio sueño yo daba por hecho que sobreviviría a una relación con Guillermo y podría retomar nuestros lazos sin ningún problema. Por eso cuando pasé junto a ti de la mano de Guillermo hacia el muelle me sentí admirada y deseada por ti, de una manera tan intensa que vibré de deseos de estar contigo. Sin embargo, sólo me acurruqué junto a Guillermo y lo seguí tomada de su mano, oyendo todo lo bonito que tenia que decirme: su amor por mí, sus anhelos de darme todo lo que pudiera y yo me sentía princesa en cuento de hadas o protagonista de telenovela.

Aquí viene la contraparte. Cuando estábamos al final del muelle, rodeados de la red de estambre hacia el cielo, percibí la presencia de alguien más y vi cómo Guillermo se disgustaba por que la persona que estaba detrás de nosotros era un mujer joven que se acercaba a decirle algo, él me tomó de la cintura y como sólo puede pasar en los sueños, nos deslizamos por la red de estambre desde el final del muelle hasta las escaleras. Tomamos la dirección contraria a la joven, quien empezó a seguirnos. Guillermo me decía en el oído no quiero exponerte a nada a mi lado y me llevaba hacia una casa en donde entrábamos muy rápido para escondernos de las miradas ajenas.

De pronto, ya no era yo quien estaba a su lado, era una tercera observando cómo Guillermo le quitaba a la mujer la capa que la cubría desde la cabeza y veía con ansiedad que era una mujer mayor como él, a quien yo reconocía como una actriz americana de antaño, que había sido muy hermosa y hoy la veía acabada. Observaba desde unos pasos atrás como Guillermo trataba de arreglarle el cabello y luchaba contra la decepción de verla desaliñada y vieja. Me repetía en voz baja esa no soy yo, no soy yo. Sólo estoy aquí, en este rincón, atestiguando todo.

¿Te das cuenta? En mis sueños evado la posibilidad de quedar mal, soluciono los problemas que se me aparecen para sentirme segura y querida. Me presento como una mujer amoral que tiene la oportunidad de escoger a su galán en aras de su personal interés de disfrutar en orden cronológico a sus amantes. No sé si los demás acomoden su vida en los sueños, !yo sí lo hago!

Marita Franco Heredia

Publicado en Verticediario el 31 de marzo de 2012.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s