Extorsiones

Me prometí que en esta columna no tocaría temas de política local –para no tener que alabar o denostar a los políticos en el afán de conseguir un pago subrepticio-, ni de delincuencia organizada por puro miedo. Sin embargo, ya que el jueves fue el día de las madres y mi progenitora no deseaba contestarme el teléfono de su casa ni su celular o el de mi padre por temor a las llamadas de extorsión, tengo que asumir que debo de enfrentar mis miedos y hacer público el acoso de que están siendo objeto muchas personas.
Llaman presentándose como un pariente que viene de Estados Unidos y que se encuentra en problemas en la frontera porque lo detuvo la policía con todo lo que traía de regreso a México. Piden hablar con la tía o la prima y las convencen de que le presten de 10 a 20 mil pesos que tienen que ser depositados en tarjetas de quinientos pesos al número de celular que les mencionan.
Hace poco una vecina acudió a comentarnos que su “sobrino” le había hablado pidiéndole el favor de que lo ayudara porque regresaba de Estados Unidos y lo habían detenido con “todos” los regalos que traía para ella y su familia. Por más que tratamos de convencer a la noble señora que su familiar no era quien le había llamado, ella no cambió de opinión y abonó a la conversación que también su hija había reconocido al supuesto primo cuando habló con él por teléfono. Iba en la búsqueda de tantas tarjetas como fueran necesarias para cubrir el “préstamo”.
Hay otra vertiente de la que me enteré y de la que no he vuelto a saber en algunos meses. Un vecino fue notificado de que se había ganado una camioneta pick up ultimo modelo y una gran cantidad de efectivo en una rifa organizada por una entidad conocida que llegaría a entregarle ambos premios al día siguiente, previo pago de diez o veinte tarjetas de 500 para celular. El señor no tenía la cantidad pero hizo lo imposible para conseguirla y la depositó al número requerido. ¿Obtuvo sus premios? No. Tampoco quiso escuchar los consejos de medio mundo diciéndole que no pagara la extorsión.
Las nuevas llamadas son hechas por “representantes de los cárteles” que ordenan que su nombre falso se anote, para que en la mente de quien recibe el mensaje se convierta en una llamada de negocios. Casi siempre se trata de un “licenciado” o de un “ingeniero”, lo cual funciona para marcar jerarquías. Y para seguir impresionando, el que llama pide hablar con el hombre de la casa porque se trata de un asunto muy importante. Parece que en estos asuntos el hombre es más manipulable que la mujer y los delincuentes deben haberlo comprobado ya.
En el caso de mis padres, tiene que ser alguien que los conoce porque ha logrado penetrar a un número privado, más los celulares de dos personas de la tercera edad que no cuentan con recursos. Y, por desgracia, sus vástagos están en la misma o peor situación. Es difícil escribir sobre nuestros temores pero es necesario hacerlo para tratar de vencerlos. Debido a que los delincuentes no tienen la dignidad para trabajar y ganar un salario en forma honesta, estoy aquí dando la cara por mi familia, mi ciudad, mi estado y mi país.
Publicado en http://www.verticediario.com y en la version impresa el 12 de mayo de 2012.

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