Mujeres al volante

Conduzco desde los doce años. Soy la mayor de mis hermanos y siempre me sentí responsable de ellos, en caso de que mis padres faltaran en algún momento, yo tendría que asumir su papel. Vislumbré que saber manejar un auto era indispensable para cualquier urgencia, además de que me otorgó un enorme sentido de independencia.

Es por eso que me asombra que haya lugares como Arabia Saudí donde las mujeres no tienen permitido conducir por las reglas de su religión. El control masculino en ese país es tal que los clérigos impiden a las mujeres estar al mando de un auto como una forma de evitar que puedan movilizarse con independencia y que pretendan relacionarse con el sexo opuesto sin la aprobación de sus padres, sus hermanos o sus esposos.

Las mujeres deben elegir entre solicitar un chofer de su círculo familiar o de amistades, lo que las vuelve incapaces de tomar decisiones propias, o alquilar un servicio de taxis o un chofer profesional para poder trasladarse y realizar sus tareas cotidianas, lo cual merma sus bolsillos. Hace tiempo están intentando que la situación cambie y han presentado luchas estériles para que el rey cambie la legislación y les permita prescindir del tutor masculino que debe acompañarlas en cada acto de su vida social.

Leyendo la noticia en El País el domingo 5 de agosto, me di cuenta de que lo mismo sucede en muchas zonas de Estados Unidos para las mujeres migrantes indocumentadas. Sin licencia de conducir y sin transporte público, están aisladas en sus casas, supeditadas a sus maridos o a sus hijos para ser trasladadas a cualquier diligencia. Aun en los casos que tienen que ver con su salud y la de su familia, no pueden desenvolverse con autonomía.

Dos sociedades distintas, unidas a miles de kilómetros de distancia por un solo hecho: la incapacidad de las mujeres para tomar un volante, por la falta de documentos para comprobar su estancia legal en Estados Unidos o porque su religión se los impide en Arabia Saudí. En los dos casos, la lucha está en marcha. En medio oriente es Manal Al Sharif quien ha prestado su rostro para la campaña Women2Drive (Mujeresalvolante) y se ha convertido en una activista reconocida a nivel internacional como una de las personas más influyentes de la revista Time en 2011.

En Estados Unidos, los esfuerzos de quienes participamos en el Instituto Nacional Latino para la Salud Reproductiva son de los primeros para tratar de revertir los estragos de las políticas antinmigrantes entre las familias hispanas. Trabajamos para que las mujeres latinas adquieran conciencia de su valor y de su necesidad de estar vinculadas con su comunidad para reclamar todos sus derechos, sobre todo los relacionados a la salud y la justicia reproductivas. ¡Salud, dignidad y justicia!

Publicado en verticediario.com y su edicion impresa el 11 de agosto de 2012 y en lanoticia.com y su edición impresa el 5 de septiembre de 2012.

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