Primera dama

El 7 de diciembre aparecieron en la portada de El País Enrique Peña Nieto, presidente de la República y su esposa, Angélica Rivera. Contrario a lo que pudiera creerse, la nota no se centraba en alguna actividad diplomática del político, sino en el desempeño de la señora como su compañera desde que decidieron aparecer en público como pareja.
La protagonista de telenovelas mexicanas es el principal objetivo de la noticia que describe su trabajo intenso e indispensable para el triunfo de Peña Nieto. De ser una actriz de tiempo completo Angélica Rivera supo plegarse a los requerimientos políticos de su esposo y a la muy bien pensada estrategia que lo llevó a Los Pinos.
Ha sido evidente la transformación física de ella para adaptarse a lo que sus asesores de imagen han considerado mejor para la campaña de su esposo y para sus inicios en la presidencia. De una imagen juvenil y fresca, tal vez audaz, como artista de telenovelas, hoy nos presentan a una señora con ropa en colores oscuros –considerados formales- cubriendo sus encantos femeninos y con un peinado menos atrevido en la forma y en el color de los que solía utilizar antaño.
No soy una experta en vestuario ni en imagen, sin embargo, creo que esta adusta primera dama va en contra de la mujer que brindó ventajas electorales a Peña Nieto. La señora de Peña Nieto aportó su trabajo a la balanza electoral por tratarse precisamente de quien ha protagonizado los dramas nocturnos en la TV y quien, sin pudor, ha exhibido su vida personal y profesional a lo largo de muchos años.
Es decir, a pesar de todas las quejas que se han vertido desde que se conocieron los resultados de las elecciones, debemos que aceptar que el interés de los mexicanos está orientado básicamente hacia los tramas de las telenovelas de las dos cadenas televisivas principales en el país y que el poder que ejerció Angélica Rivera para que su marido ganara la presidencia proviene de esos tele dramas. Tenemos el gobierno de telenovela que nos merecemos.
Vislumbrando las tendencias a nivel internacional y acorde a la idiosincrasia nacional, dentro de seis años el PRI podría tener en la actriz a la persona idónea para intentar suceder a su esposo, en quien convergería una figura popular femenina que cubriría esa exigencia de género en nuestro país –tendrían que dotarla de un plan ad hoc para que las feministas no la rechacen- y quien pudiera recibir el dedazo presidencial para echar a andar toda la maquinaria gubernamental para convertirla en jefa de estado, como sucedió en Argentina con Cristina Fernández y como lo intentó Hillary Clinton en Estados Unidos. Estoy segura que no soy la primera persona que lo ha pensado.
Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 15 de diciembre de 2012.

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