Habemus Papam

Marzo de 1916, marzo  de 2013. La primera fecha corresponde al nacimiento de mi abuela materna María Encarnación Huato, la segunda a la elección del nuevo papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, argentino para ser exactos. Chonita estaría a punto de cumplir 97 años con la emoción de saber la buena nueva. Su fe católica y su devoción en todos sus santos se hubiera visto recompensada con el resultado del cónclave.

¿Habría cambiado de opinión al saber los detalles que se están filtrando acerca de Jorge Mario Bergoglio? De su apoyo a la dictadura –al menos de su silencioso sometimiento a ella- que tanto sufrimiento infringió a los argentinos. Habladurías, mentiras, diría Chonita. Si hubiera tenido la edad y los recursos económicos, creo que le habría gustado estar entre la multitud que festejó la aparición del humo blanco en la chimenea de la Basílica de San Pedro en Roma, Italia.

¿En qué momento se perdió entre las generaciones el legado religioso de mi abuela? Hoy mi hijo mayor me dice que no mencione nada de religión porque su novia aria es totalmente atea y mi ¡oh my gosh!, pronunciado en tierras gringas es reprobado por ella. ¡Mamá, casi nunca hablas de Dios en español por qué ahora sales con esa frase! Me justifico diciendo que es sólo un modismo que escucho con frecuencia aquí  y que lo dije como lo hacen quienes están aprendiendo un idioma: repitiendo los sonidos hasta que se parezcan a los que pronuncian los nativos.

“Dile a tu novia que no voy a interferir con sus decisiones de pareja en ningún aspecto, mucho menos en los que incumben a la fe. Siempre les dije que ustedes decidirían sobre la religión a la cual se acogerían cuando fueran adultos y que yo respetaría –como no lo hizo con tu padre y conmigo su familia- su elección”.

De la profunda devoción católica de la abuela, pasando por la tibia educación religiosa de mi madre a nosotros, apenas cubierta por los deberes religiosos del bautismo, la primera comunión y la confirmación de mis hijos y la preparación al ateísmo de su bisnieto, Chonita estaría decepcionada. Pero, ¿no es la historia de muchas familias católicas en todas partes del mundo, principalmente en Latinoamérica?

Es a esa pérdida de la fe católica que se dirige la elección del papa Francisco. Un papa latino de padres europeos nacido en Argentina, el país más europeizado de América Latina, con quien se están identificando los latinoamericanos, intentando olvidar los escándalos de pedofilia y la indiferencia al sufrimiento de los pueblos de los servidores de Jesucristo.

 

 

 

 

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