La teoría del brillo.

Dedicado a mi amiga Claudia Medina.

El viernes 31 de mayo The New York Magazine publicó una nota acerca de la lucha de poder entre mujeres y las comparaciones que solemos hacer entre nosotras. El artículo de Anne Friedman inicia con la historia de dos cantantes exitosas, Beyoncé y Kelly Rowland, quienes pertenecieron a Destiny’s Child y de cómo el éxito de la primera creó un resentimiento en la segunda que se ha prolongado hasta el presente de manera tal que en una de sus últimas canciones Rowland escribió sus sentimientos negativos al respecto, el sencillo se llama Dirty Laundry.

Pareciera que entre el género femenino no existe la solidaridad o la sororidad -en términos feministas-. En general, entre mujeres no se trata solamente de cómo están vestidas las otras, el análisis que realizan las mujeres con su propio género abarca comparar su felicidad, su éxito y su confianza. Si consideran que la mujer las supera en uno o en todos los aspectos, tienden a boicotear su autoestima compadeciéndose de sí mismas y odiando a la mujer que representa el éxito que no tienen y que significa una oportunidad menos de triunfo para ellas.

Existe, sin embargo, un lado opuesto a lo descrito arriba, es el que la Anne Friedman quiere rescatar a partir de la historia de Beyoncé y Rowland: la posibilidad de resaltar y verte bien al estar rodeada de mujeres exitosas. Es decir, convertir la desventaja que tengamos frente a cualquier otra mujer en la ventaja de conocer y aprender aquello en lo que nos supera.

Recuerdo siempre las palabras de mi madre: “Haz amistad con los mejores”. Ello no significó para mi los más ricos, sino los más estudiosos y esforzados en la escuela. He aquí que Claudia entra en la historia, porque además de ser una de las mejores estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ha tenido siempre un lado generoso que me permitió acercarme y aprender de ella desde que nos conocimos.

El primer día en la facultad, la profesora de literatura nos indicó que visitáramos una biblioteca y escribiéramos una reseña sobre nuestra experiencia. Clau no sólo me invitó a ir con ella en su auto a la Biblioteca Nacional ubicada en el Centro Cultural Universitario, cercana a la nueva facultad en automóvil pero muy alejada para ir caminando, además de que yo desconocía todo y apenas iniciaba el transporte universitario por esos sitios.

Así inició lo que para mí ha sido una amistad icónica. Recuerdo su amabilidad y su confianza en mí, pero también recuerdo haberme esforzado en aprender de ella al máximo. Una provinciana y una citadina unidas por una sororidad inusitada promovida por la generosidad de Clau y reforzada por intereses comunes como la lectura y la música. Aunque la vida nos fue llevando por caminos diferentes, nos hemos reencontrado a través de las redes sociales y Claudia sigue siendo la misma joven hermosa y amable de hace veintitantos años.

Al paso del tiempo, confirmo lo que Friedman dice en su artículo: “Cuando conozcas a una mujer que es intimidantemente ingeniosa, con estilo, hermosa y exitosa profesionalmente, házte su amiga. Rodearte de la mejor gente no te hace verte mal en comparación. Te hace ser mejor”. El próximo miércoles 24 es cumpleaños de Claudia, estoy esperando nuestra próxima reunión para desearle mucha felicidad junto a su linda familia.

Publicado en el diario Vértice y su edición impresa el 20 de julio de 2013.

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