¡Mamá te amo!

Mom I love you! Recibí esta frase vía Whatsapp asombrada de que proviniera del número de mi hijo de 23 años. No es que ignore que mi primogénito me ama, sino que sus muestras de amor habían sido menos explícitas. Desconfiada como soy, pensé que la seguridad de su celular había sido eliminada para alguna broma de sus amigos y sólo respondí un ¡Y yo a ti! Esperé durante varios minutos con una sonrisa radiante y el corazón alborotado por la felicidad, con la duda rondando mi cabeza: ¿Debía insistir para saber el porqué de su declaración de amor?

Después de algunos minutos, mi apasionamiento cedió a la necesidad de saber que mi hijo estaba bien. Se lo pregunté por otra vía, sin respuesta. No conozco sus horarios en el semestre que inicia así que aventuré una llamada para oírlo, para saber que se encontraba bien y para tratar de averiguar sus razones para expresar su amor a mitad de la mañana del martes. Me contestó en medio de un receso, estaba a punto de comenzar clase; apenada por la interrupción sólo inquirí sobre el hecho de si había sido él quien me había escrito un poco antes. Sí, fui yo, mamá. De acuerdo.

Para algunos puede ser intrascendente la frase que para mí ha significado mantenerme en un estado de levitación durante la semana. Estoy segura del respeto que mi hijo siente por mí, de su admiración y de su amor, sobre todo desde que compartimos un año y medio en forma intermitente durante 2011-2012. Él y yo, solos, luchando para conseguir sus metas y, al mismo tiempo, viviendo mis propios sueños. Compañeros solidarios, aprendimos a interpretar los gestos del otro al ver nuestros rostros, supimos consolar nuestras soledades y lloramos en el pecho del otro la separación de nuestros seres queridos.

Lo vi madurar, afianzarse en un medio que le era desconocido, arrojarse de lleno al primer amor sintiéndose invencible ante el tiempo y la distancia, los enemigos de su relación con la alemana. Soy testigo de su compromiso con la vida que eligió, del respeto y del cariño que se ha ganado entre sus amigos y sus conocidos. Me lo dicen en los diferentes ámbitos en que se desenvuelve, tu hijo es un gran muchacho. Acepto como bendiciones sus palabras con el corazón satisfecho de saber que vive entre gente que lo quiere porque él se lo gana a diario.

“No importa de dónde vengas, ni cuál es tu religión, voy a tratarte igual que a los demás. Bienvenidos nuevos amigos de todo el mundo” escribió recién en su muro de Facebook. Yo también te amo y te admiro hijo, recuérdalo.

Publicado en http://www.angulo7.com y http://www.verticediario.com con su edición impresa el 8 de febrero de 2014.

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