La última Coca Cola en el desierto.

En los últimos meses los productos de la empresa Femsa, que controla el mercado mexicano de la Coca Cola, dejaron de estar disponibles en el área de Chilpancingo debido a que la empresa había cerrado en forma indefinida su agencia en esta plaza a causa de los constantes robos de sus productos, al vandalismo en contra de sus unidades automotrices y a la retención forzada de sus empleados. Para algunas personas-quienes no consumen en forma habitual las gaseosas o, a pesar de que las consumen, se dan aires de grandeza al decir que no lo hacen- la escasez del famoso refresco de cola pasó desapercibida y era una noticia trivial exagerada por el clamor popular. Entre ellos estuvieron los que aprovecharon para despotricar en contra del refresco y aplaudieron que dejara de comercializarse en la ciudad demostrando falta de sensibilidad ante el hecho de que miles de personas viven de la industria del refresco tan sólo en nuestra ciudad.

Así como es desafortunado que exista –por citar un ejemplo- la industria armamentista en perjuicio de cada persona que sufre la pérdida de un ser querido por el uso de armas, la industria refresquera gira en torno a que el consumidor beba un producto que eventualmente es dañino para su salud pero que ha pasado a ser tan importante en la dieta de los mexicanos que está incluido en la canasta básica. Con el cierre temporal de la agencia Coca Cola en Chilpancingo, se afectó no sólo al consumidor final que tuvo problemas para encontrar el producto sino a los empleados de la empresa, los promotores o preventistas, los vendedores, los cargadores, los trabajadores de todas las áreas y finalmente, sin ser menos importantes, a los detallistas dueños de las micro, medianas y grandes empresas que expenden el producto al público.
Cada una de las personas mencionadas representa por lo menos a cuatro dependientes directos y a muchos más indirectos en el caso de los empleos que generan las empresas detallistas. Algunos de los pequeños comercios que tienen como principal fuente de ingresos la venta de los productos refresqueros de Femsa-Coca Cola sufrieron un impacto tan grande en sus negocios que han preferido cerrar. Se trata no sólo de expresar nuestro desacuerdo con la ingesta de este tipo de productos que no aportan beneficios para una dieta sana, sino de pensar que detrás de cada gaseosa existe una industria que da empleo a millones de personas tratando de satisfacer la gran demanda de refrescos en todo el orbe.

Tal vez usted se gana la vida en otro ramo industrial o de servicios y es indiferente a los vaivenes comerciales que aquí se tratan; no obstante, la amenaza de cierre definitivo de la agencia refresquera y el sostenido desabasto de la zona centro de Chilpancingo –las rutas en los suburbios trabajan con normalidad- incrementó los precios, tornó inestable la distribución de coca en la ciudad y asestó un golpe irreversible a nuestra dañada economía estatal por la pérdida de empleos relacionados con la compraventa de refrescos. Es posible que los productos que expenden las compañías refresqueras sean nocivos para la salud, sin embargo, para muchas personas esas bebidas representan su mayor ingesta de calorías asociada un estado temporal de satisfacción. Como les dije a mis clientes durante el periodo de mayor escasez del refresco: disfrute ésta que puede ser la última coca en Chilpancingo.

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