EL CHAPOKATE

El presidente Richard Nixon durante los setenta tuvo que dimitir por el escándalo Watergate, desde entonces el subfijo gate se usa como sinónimo de escándalos en Estados Unidos. También en ese país es común la unión de los diminutivos del nombre de las celebridades para señalar a una pareja que está en el centro de la polémica o de la fama. Así, decidí que el título de este artículo sea la conjunción de los nombres de sus protagonistas, Joaquín el Chapo Guzmán y Kate del Castillo quienes estelarizan la novela más escandalosa del momento.

Creo en la bondad del ser humano y tengo suficientes planes propios en la cabeza para desviar mi atención en las intenciones oscuras de los demás, en especial de nuestros gobernantes. Conozco sus carencias y percibo sus aspiraciones económicas a costa del erario público, pero eso no define mi día a día. Sostengo que si cada uno de nosotros fuera menos memexicano y participara mejor en todos los aspectos de la vida de nuestro país, este estaría en una mejor posición porque cambiaríamos nuestra propia percepción de los hechos. Le otorgaríamos menos capacidad maquiavélica al gobierno y nos daríamos un mejor papel como ciudadanos. Sin embargo, los hechos a veces nos rebasan.

Esta introducción tiene que ver con todo lo que se ha venido suscitando en nuestro país desde que el 8 de enero supimos que el Chapo había sido detenido. Los titulares en los medios y en las redes sociales hicieron el señalamiento respecto a que antes de ser aprehendido, el capo había concedido una entrevista exclusiva para Sean Penn por intermediación de la actriz mexicana Kate del Castillo. La mayoría se quedó a ver un video corto del Chapo donde concede la exclusividad a Del Castillo y Penn.

Yo fui a la entrevista, publicada por la revista Rolling Stone, y me aburrí horrores. No ayudó mucho la hora en que logré encontrarla en la internet -más allá de las diez de la noche en que mi sistema operativo empieza a desconectarse- ni la carencia de datos nuevos sobre el capo; tal vez lo más llamativo de la entrevista fue la descripción de las andanzas de Penn para encontrar al Chapo en algún lugar del centro de México. Leí que quien condujo a los actores a través de un camino de terracería fue el hijo del Chapo, Alfredo Guzmán, con sólo bajar la ventanilla del auto logra ser reconocido por un retén militar y se le permite el paso tan rápido que Sean Penn lo expresa así: ¡Wow, eso es todo, ese es el poder de un rostro Guzmán! Tenían a un hijo del Chapo al alcance de la mano y lo dejaron pasar. Una pregunta medular surgió en mi cabecita ingenua de ciudadana común: ¿No sabían dónde estaba el Chapo? Este relato y el resto de la historia confirman que siempre tuvieron al capo ubicado y con el perfecto conocimiento de sus movimientos. Pero necesitaban un momento específico para detenerlo.

La telenovela Chapokate, Chapogate o Katechapo ha tenido un desarrollo lógico: los protagonistas principales se convirtieron en dos amantes platónicos que intercambiaron cientos de mensajes y mantuvieron contacto constante supervisados por el gobierno, quien ahora da a conocer detalles íntimos de la pareja. Ella ha respondido que las historias son falsas y que ella sacará pronto a la luz su propia versión de los hechos. Se deduce que el único que no sabía dónde estaba el Chapo era él mismo, porque el gobierno siempre lo tuvo ubicado, para aprehenderlo cuando el dólar se devaluara; Kate se dejó cortejar, al fin y al cabo todo es ganancia para ella: fama para ella por ser objeto del deseo del hombre más buscado, publicidad para su tequila, una entrevista y una película, y finalmente, la inteligencia mexicana no lo es tanto, aunque su jefe en Sinaloa haya ido a Quantico a darse su vueltecita, porque cuando quisieron atrapar al Chapo se les fue por el drenaje y lo detuvieron por casualidad  dos federales  que ni idea tenían quién estaba agazapado en el focus rojo robado al que le hicieron el alto en una carretera de Sinaloa. No aceptaron riquezas ni negocios para dejar de trabajar el resto de su vida a cambio de hacerse de la vista gorda con el mero capo, su rostro no tuvo tanto poder como el de su hijo.

Publicado en verticediario y su versión impresa el 15 de enero de 2016.

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