I Concurso de blogs en lengua española

Dedicado al Dr. Epifanio Martínez Barrera.

Con mucha emoción les comunico que esta columna y su blog asociado Brevespacio han sido inscritos en el Primer Concurso de Blogs en lengua española que lleva a cabo la Universidad de Alcalá de Henares en España. El concurso está organizado en asociación con Madrid Plataforma del Español y con Google y tiene por finalidad fomentar el buen uso de la lengua española en la red, así como el conocimiento de la cultura iberoamericana en internet.

Empecé a escribir en esta columna en 2009 buscando la oportunidad de expresarme sobre los temas que me gustan y tratando de dar una opción a los lectores que además de política local quieren saber sobre temas de actualidad y de corte internacional. He publicado sobre cuestiones personales no en el afán de exhibir mi vida privada, sino cuando pienso que lo que he escrito tiene la calidad para ser compartido con ustedes.

No considero que he alcanzado la perfección, al contrario, cada columna me lleva mucho tiempo de redacción y de revisión para tratar de evitar los errores más comunes. Sin embargo, cuando las releo una vez publicadas me doy cuenta de que tienen varias atrocidades. En cada ocasión que voy a mandar mi archivo por mail, me tomo el tiempo para respirar y luchar contra el impulso de cancelar todo porque mi mente me dice que ese artículo no vale la pena de ser publicado.

Son ya tres años de columnas y de que este prestigiado diario las respalde. He ampliado mis publicaciones con los resultados de mis investigaciones sobre migración en El Blog del Migrante, el cual también tiene un blog asociado. Sin embargo, Brevespacio es el que hoy está inscrito en este concurso de blogs en español en la categoría “Bitácora personal de difusión de la cultura” y estoy solicitando su apoyo para que voten en el siguiente enlace http://www.concursoblog.es/blog/brevespacio/506ddde991dad.Asimismo pueden visitar la página de mi blog en Facebook bajo el mismo nombre: Brevespacio y desde ahí votar en el enlace que mantendré en primera posición para que sea fácil de encontrar.

Los votantes pueden hacerlo una sola vez y podrán ganar un lector de libros electrónicos de tres que rifarán los organizadores, es decir, quien vote puede ganar a su vez. Todos los blogs inscritos requieren de los votos para pasar a la siguiente fase donde serán analizados por los jueces. Ojalá puedan tomarse cinco minutos para votar por mi blog en la internet. Les doy las gracias anticipadas y les envío un abrazo en la distancia, Margarita.
Publicado en Vertice el 13 de octubre de 2012.


Biblioteca Abierta virtual

Encontré una maravillosa puerta a los ebooks o libros electrónicos en el sistema bibliotecario de North Carolina que permite conectarse a miles de páginas impresas. La página web se llama Biblioteca Abierta (Open Library), en ella se pueden encontrar referencias bibliográficas y, lo más importante desde mi punto de vista, se pueden leer libros virtuales prestados hasta por dos semanas. Una gran ventaja es que muchos de ellos tienen acceso a una versión audible en inglés, es decir, pueden ser leídos y escuchados al mismo tiempo.

El primer día que ingresé lo hice desde la biblioteca Marianna Black del condado de Swain, un recinto pequeño con todas las comodidades –aire acondicionado, café gratis, 10 computadoras con internet de uso libre con credencial durante una a dos horas- y que está vinculada al sistema bibliotecario del estado. Escribí los nombres de varios autores para descubrir que, por ejemplo, Francis Fukuyama tiene la referencia de algunos de sus títulos pero no están disponibles para lectura virtual. Muchos otros textos están encriptados por un programa llamado Daysi que permite su apertura sólo a los investigadores que tienen una clave otorgada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Busqué autores latinos y encontré una maravillosa copia bilingüe de Aura de Carlos Fuentes. En una página tiene la versión en español y en la de enfrente está la traducción al inglés. Pude comprobar que son fotografías de los libros porque en el caso de un libro de Simone de Beauvoir, escritora y feminista francesa, se trata de una copia perteneciente a una biblioteca de Toronto, Canadá, la cual tiene claves escritas a mano por los bibliotecarios como se hace con las copias físicas de cualquier texto.

El servicio es una magnifica herramienta para quienes somos amantes de los libros y descubrí que en casa tengo acceso desde mi lap top al teclear mi email y mi clave. Es un poco frustrante pensar que si este recurso hubiera existido hace veinte años me hubiera ayudado muchísimo para tener un mejor nivel del idioma inglés. No obstante, estoy agradecida e impresionada con este proyecto de Internet Archive realizado con recursos de la California State Library. Ojalá ustedes logren ingresar a este fantástico mundo virtual de Open Library en el siguiente link http://openlibrary.org/.
Publicado en verticediario.com y su version impresa el 25 de agosto de 2012


Dietas y nueva comida nórdica

Este es un espacio esbelto sin hacer dietas excesivas. En realidad, se puede ser delgado consumiendo todo tipo de alimentos en cantidades pequeñas y haciendo ejercicio moderado a diario. El martes 1 de mayo apareció un artículo de Katia Hetter en CNN en Español sobre los nuevos motes y la discriminación entre los niños en las escuelas. Conozco a fondo lo que se siente al ser motivo de burlas en la escuela por parte de los compañeros. Los niños y jóvenes hacen grupos y atacan a todo aquel que es diferente en lo físico, emocional o intelectual.
Aunque la gordura siempre ha sido blanco de escarnio entre los chicos de edades escolares, hoy en los centros educativos norteamericanas estar gordo es equivalente a ser el patito feo entre niños de tan sólo tres años, quienes copian el estereotipo de sus padres. Deben estar esbeltos y perfectos aunque sea motivo de autoflagelación e infelicidad.
Las niñas y niños gordos no van reducir su peso por arte de magia cuando crezcan. Se deben tener horarios para alimentar a los pequeños al igual que existen normas respecto a la limpieza, estudio y horas para dormir. Los infantes que no comen verduras, son adultos que jamás las comerán si no cambian de mentalidad. Incluir alimentos nuevos y nutritivos desde la más tierna edad es lo más recomendable para que los chicos sean proclives a probar alimentos sanos.
En comida internacional existen nuevas tendencias y el chef que mantiene por tercer año el liderato con su restaurante Noma en Copenhague, Dinamarca, es Rene Redzepi quien ha logrado colocar en un tiempo record su visión y su pasión por la cocina en el primer lugar del ranking mundial. Sus recetas reúnen originalidad combinada con materias primas naturales, saludables y fresquísimas obtenidas casi en el mismo rato en que son procesadas en la cocina apenas con un toque de cocción, lo que permite a los comensales degustar los olores y sabores propios de los ingredientes.
En Dinamarca donde comer con placer solía ser castigado porque se consideraba un pecado, Redzepi ha logrado con sus innovaciones creativas en la cocina que locales y extranjeros conozcan las bases de la Nueva Cocina Nórdica y se deleiten con sus descubrimientos, si tienen la paciencia de esperar varios meses para la reservación de una mesa y cuentan con los medios para pagar un promedio de quinientos pesos por platillo.
Publicado en http://www.verticediario.com el 5 de mayo de 2012.


Medianoche en Paris

Midnight in Paris es el título de la última película de Woody Allen que no parece ser de él, porque su sello de esquizofrenia neoyorkina no aparece por ninguna parte. En cambio la belleza de Paris y sus alrededores luce en todo su esplendor.
Tal vez no será estrenada pronto en México, sin embargo vale la pena esperar con ansias su premier porque Allen se olvida de sus antiguos fetiches-actrices, incluso de la muy joven Scarlett Johansson y la española Penélope Cruz quienes actuaron en una producción anterior del director estadunidense, rompiendo su costumbre de mantener a los mismos protagonistas durante décadas.
El hecho de que Allen haya combinado la simple anécdota de una pareja estadunidense que viaja a Paris antes de su boda, con los paisajes de la capital parisina logra una cinta romántica y nostálgica sin ser pegajosa. Gil –Owen Wilson, quien no pensé que pudiera desvincularse de sus malos filmes del Oeste- es escritor y considera que la década de los veinte del siglo pasado en la capital francesa fue la época dorada para cualquier artista. Desea haber vivido en ese tiempo y haber convivido con la crema y nata del arte mundial.
Una noche en que la pareja protagonista se separa, ella se va a bailar con amigos, y Gil toma un paseo por los alrededores del hotel, después de una larga caminata se sienta a descansar en una escalera bajo un campanario, donde a la medianoche suena el reloj. Un auto antiguo aparece en la calle, se para junto a él y alguien desde adentro lo invita a subir.
Cansado y desconcertado acepta el paseo que lo llevara a lugares y épocas insospechadas. Conocerá a personas muy importantes para el trabajo que tiene en proceso y que lo obligaran a reflexionar sobre su vida en general.
Si la anécdota no le parece llamativa o interesante aun tal vez la presencia de Carla Bruni en la cinta lo haga cambiar de opinión. La primera dama francesa tiene tiempo para acompañar a su esposo y para participar en este nuevo filme de Allen.
Cualquiera que sea su interés, la cinta de Allen cumple los requisitos de belleza en su fotografía, buenas actuaciones y la remembranza de épocas y personajes del pasado que han influido en el arte contemporáneo.
La reflexión más importante a que me llevan esas medianoches en Paris es que muchos añoramos épocas distintas a las que nos toca vivir o idealizamos lugares y tiempos que creemos mejores. A veces lo son en algún sentido, sin embargo, la mejor época es la que nosotros disfrutamos o sufrimos, según nuestra óptica. Tenemos que tomar la decisión que nos parezca más adecuada para nuestros intereses y sentimientos. Así lo comprende Gil y su resolución determina un cambio insospechado en su vida.


TRASTORNADO

Lo imaginé desde que vi la pequeña imagen en mi celular al revisar mi cuenta Facebook: es un hombre desnudo caminando en la desolación. Lo confirmé cuando abrí el link que enviaba El País acerca de los Premios Ortega y Gasset al periodismo valiente contra el poder.
Lo supuse, debe ser un loco, o como describe el diario en el pie de página de la fotografía, un trastornado. Puedo atreverme a crear las definiciones de las dos palabras: Loco es quien no tiene noción alguna de la realidad, trastornado es quien ha trastocado o le han trastocado su realidad y no sabe dónde se encuentra. Sólo una persona trastornada o loca otorga belleza a tal desolación.
La foto ganadora de este año del Premio Ortega y Gasset es un solo hombre desnudo de espaldas en un amplio marco de la devastación creada por el terremoto de Haití el año pasado. Podrían ser sus condiciones regulares de vida: pobreza y carencias a su alrededor, suciedad y charcos, tal vez un suburbio paupérrimo de Port au Prince. Pero no, son los días posteriores al terremoto que dejaron desolación y muerte, más carencias y más pobreza.
¿Quién soporta tanta desesperanza sin trastornarse? Este joven negro por su piel, universal en su porte, imprime la belleza de un cuerpo humano desnudo al ambiente de devastación a su alrededor y es casi imposible ver la imagen sin conmoverse. Tiene tal gallardía y galanura que parece un héroe mitológico abandonando triunfante el campo de lucha, dejando la zona cabizbajo y meditabundo sobre las batallas que ha tenido que librar y los retos que tuvo que superar.
Nuestro héroe camina pausado sin perder la belleza de cada una de las partes de su cuerpo. Erguido y cabizbajo, su silueta y su andar son perfectos; podría ser la imagen de un anuncio de televisión o estar exhibido en un anuncio espectacular sobre Periférico o en Madison Square de Nueva York. Cambiando la desgracia de fondo por una playa griega, su cuerpo semeja el de Héctor cansado después de sus batallas, lo doloroso de la imagen es que este héroe ha perdido su Troya contra un terremoto.
Publicado en Vértice 16 de abril de 2011

Premio Ortega y Gasset al Periodismo


Jaguares en Chilpancingo

Mi hermana, mi primo y yo aprovechábamos cada sábado para chutarnos la trilogía de películas que ofrecía el cine Guerrero en matinée por un pesote cada uno. ¿Qué flamantes películas tuvimos la oportunidad de ver? Santo y Blue Demon contra todo tipo de maldad encarnada en vampiros, lobos, etc. Pero las que más recuerdo son las de los Jaguares. Las trilogías valían la pena porque eran una continuidad de las hazañas de nuestros héroes.
De aquellas matinées del sábado salíamos inspiradísimos para convertirnos en héroes y heroínas sobre ruedas, porque los Jaguares eran luchadores que se transportaban en motocicletas. Así que nosotros al salir del cine tomábamos nuestra moto y montados cada quien en una, recorríamos las calles de regreso a casa.
¿Qué padre de familia permite que sus niños de diez, ocho y siete años salgan en una moto? Los de nosotros, quienes nunca se dieron cuenta de que atravesábamos el Jardín, recorríamos la avenida Guerrero y subíamos por Uruguay –la que hoy conocemos como H. Colegio Militar- acelerando y frenando con la boca, porque todo el peso de nuestra imaginación recaía en el sonido que hacíamos para solventar la ausencia de una máquina bajo nuestro cuerpo.
Al terminar la película, nos poníamos de acuerdo en qué Jaguar era cada quien, nos enfrentábamos al sol en su máximo esplendor, atravesábamos un pueblo casi deshabitado a las tres de la tarde del sábado y corríamos a nuestra casa sin parar -porque una moto no se cansa-, para llegar a comer.
Tal vez no hubiera recordado esta anécdota sin la del sábado anterior que me permitió visualizar la amplísima sala del Cine Guerrero con sus dos plantas y sus sillones antiquísimos, su entrada tipo teatro y los muchos momentos de placer que me brindó durante mi infancia. No recuerdo ningún título exacto de alguna película o los nombres de los actores de aquéllos tiempos, pero sé que vi muchas películas porque desde bebé mis padres, también aficionados al cine, me llevaban con ellos por lo menos una vez a la semana.
Después, a finales de los setenta, llegaron las películas de Hollywood atrapándonos en sus moldes tecnológicos y emocionales para nunca soltarnos y empecé un hábito que perdí en el atolondramiento de mi juventud: anotar el nombre de la película, del director y de los actores, así como una pequeña reseña de la película.
Para la gente que no creció en el Chilpancingo de esos tiempos, que viene de ciudades más grandes como el D.F., parecerá extraña toda esta nostalgia por un cine viejo que no existe más. Sin embargo, como pudimos comprobar durante varios años, ese cine nos daba la escasa conexión que manteníamos con el séptimo arte y sus novedades. Existía otro, es cierto, pero si el cine Guerrero presentaba películas de estreno con meses de atraso; en mi opinión, el cine Colonial hacía honor a su nombre presentando películas de la época de la Colonia.
Vinieron después las magníficas salas del Jacarandas que servían de cinemas y de salones para convenciones de todo tipo, de graduación o evento de gobierno. Después, no tuvimos ni nuevos ni viejos cines hasta hace poco tiempo. Si a esto le sumamos que las señales de los canales de televisión eran muy débiles y a veces inexistentes, pues estábamos en un aislamiento casi total. Tomando en cuenta la adicción actual a la televisión, tal vez haya sido lo mejor. Pero, cine y tele también son cultura popular y, cuando me preguntaban en el D.F. mientras estudiaba la licenciatura, en dónde había crecido sin las series de tv comunes para los niños de allá, tenía que confesar que provenía de mi tierra natal, a la que nunca le percibí esas carencias. En fin, hoy rindo tributo a esos escasos espacios de recreación y puesta al “día” en el cine.
Publicado en Vértice 2009


CINEMA PARAÍSO

Tener un cine caro y con aspiraciones de elegancia no convierte a los usuarios en elegantes automáticamente. En estas salas puedes pasar con tu charola con comida y si, durante la función, molestas a los vecinos porque masticas las palomitas con la boca abierta; o se te olvida quitarle el sonido a tu celular, suena a mitad de la película y te pones a platicar con quien te llamó o comentas en voz alta las escenas porque no las entendiste o porque creíste entenderlas mejor que el resto y se las explicas, estás afectando el derecho de los demás de ver el filme con tranquilidad.
Los aludidos podrán decir “si no te gusta pues no vayas al cine y renta o compra tus películas para que las veas en la comodidad de tu casa”. Sí, podrían ser las soluciones a todos esos males. Pero a los que nos gusta disfrutar el cine en tiempo y forma no queremos ser excluidos de una actividad que implica tolerancia y respeto entre los que alternamos durante una función.
Estoy de acuerdo en que los dueños del negocio pueden vender lo que los usuarios demandan como complemento para disfrutar de una película, pero el resto corre por nuestra cuenta: no masticar como cerditos ni ignorar que nuestros aparatos celulares sirven de mucho pero que tienen medios para no ser detectados por los demás, o guardar los comentarios para el final de la película en que puede contarse toda la película con fechas, nombres, intenciones del director, dudas, etc.
Una anécdota clásica de nuestra ciudad es que durante una escena de acción impactante no faltan quienes inconscientemente dejan salir un tssssst largo y fuerte que semeja una pelota a la que se le escapa el aire y que significa en lenguaje popular: ¿y ahora qué va a hacer el héroe?, ¡Qué barbaridad!, o cualquier expresión que denote asombro y miedo.
Tal vez no debería ser tan estricta en cuanto a comer y comentar la película porque mi abuela tenía estas costumbres -menos el silbido- y aunque no me gustaba acudir al cine con ella por esa razón, sí lo hice una última vez en plenos años de adolescente en que me encantaba acudir al cine y dejarme llevar por la historia sin que nada interrumpiera la ensoñación o la aventura que me brindaba la película.
Frente al cine Guerrero de aquellas épocas vendían todo lo necesario para ver la película a gusto: taquitos dorados de los cuales mi abuelita, tomando en cuenta que íbamos seis personas, compró como quince taquitos bien chiquitos y delgaditos que parecían no tener ningún relleno, duros como si los hubieran preparado desde varios días atrás (lo cual sería una excluyente de responsabilidad para ella), refrescos, pistaches, cacahuates y dulces a granel, literalmente eran a granel porque no existían tantos dulces empaquetados como en la actualidad.
Una vez completada la operación de contrabando bajo el rebozo de mi abue que era muy útil para pasar la revisión severa de quien recibía los boletos, ya sentados en nuestra butaca y cuando Chonita creía que el hambre arreciaba, se daba paso a la repartición de comida. En esa ocasión, los taquitos iniciaron el ataque y la abuelita decidió que mis padres tenían que comerlos primero “ándale hija, ándale yerno”. Muchos en la planta baja del cine Guerrero se enteraban que estábamos engullendo los tacos, “pásale a las niñas” “no me gustan, abuelita” “cómo no te van a gustar si están bien doraditos, agarra uno por lo menos” “está bien” y con cara de fuchi, su nieta tomaba un taco y lo sostenía hasta el intermedio por todo el ruido que implicaba consumirlo.
Mi abue, quien no permitía interrupciones en sus telenovelas, sí podía hacer comentarios sobre las conductas de los protagonistas y la trama de la película. Pronosticaba lo que sucedería y si por alguna razón se perdía algún detalle, preguntaba y no quedaba conforme hasta que alguien le explicaba. En fin, que ir al cine con mi abuela era para mí, en ese tiempo, un sufrimiento porque no me permitía imaginarme a mí misma como la encantadora protagonista de la película a la que todo le sale bien después de muchas peripecias. Hoy las películas de moda son las proféticas acerca del fin del mundo, ¿está usted preparado?
Publicado en Vértice 2009