Brionna

15178086_1400946869917036_1170109055973521422_nBrionna llegó a casa la noche del 5 de enero. Es un regalo de reyes inesperado, nunca solicitado. Entró a nuestro espacio público siguiendo su sentido más desarrollado: el olfato.  Husmeó un poco dentro del local y volvió salir, se mantuvo justo el tiempo necesario para que fuera detectada por mi esposo quien pensó que venía en compañía de sus dueños. No obstante, un cliente fue quien le dio aviso de que nuestro perrito se había salido y lo regresó con él.  Sin mucha convicción mantuvimos a la perrita en espera de que alguien viniera a reclamarla. No parecía de la calle porque estaba bien cuidada. Durante tres días esperamos que alguien preguntara por ella –tampoco se trataba de ofrecerla porque cualquiera hubiera dicho que era suya-,  alimentándola y vigilándola en el inter para percibir alguna enfermedad o algún parásito, después de ese tiempo razonable decidimos llevarla al veterinario para acabar con las dudas sobre su raza y sobre su estado de salud.

Al principio, cuando era cachorrita y debido a su parecido con la raza, me encantaba pensar que era una Akita -esos perros japoneses que se hicieron famosos con la película sobre Hachiko- y que nos había elegido como los merecedores de su afecto. Sin embargo, después de examinarla, el veterinario dijo que la perrita es una mezcla de Chow-Chow y Pastor Alemán que dio un resultado maravilloso. Brionna recibe muchos halagos por su belleza: su grueso pelaje es de un color castaño claro que culmina en una cola enroscada característica de los chow-chow;  tiene ojos cafés inquisitivos e inteligentes,  hocico negro largo y fino y toda la faz distintiva de los pastores alemanes sumada a comportamientos propios de los perros de guardia y custodia que la antecedieron. Tiene una tendencia natural a la obediencia que se desperdicia porque no estamos entrenándola para que desarrolle a fondo sus capacidades como guardiana. Además, tiene un olfato finísimo que es su principal medio de conocimiento del mundo. En lo personal pude percibirlo con claridad una tarde en que, escondida tras un ventanal, la llamé al igual que al perrito que es su compañero de aventuras. Mientras Cozy necesita verme o ubicarme por la voz, el olfato de Brionna no la engaña, yo no estaba en la planta baja como el otro perro creía, la nariz le indicaba con toda certeza que yo estaba en ese hueco en donde no podía verme pero sí lograba recibir mi olor.

Brionna no ladra por cualquier motivo como Cozy, quien tiene que hacerlo para compensar su pequeño aspecto; ella se mantiene calmada hasta que percibe que existe verdadero peligro. Tiene dos debilidades: los albañiles de una obra cercana y los perros extraños que encuentra cuando la llevamos a caminar al parque, a quienes se dispone a atacar como si fuera una perra rabiosa. Cuando entra en ese trance no puedo controlarla sola, aunque se quedó en un cómodo tamaño mediano que la salvó de ser ofrecida en adopción, así que nos perdemos de grandes paseos juntas por su falta de entrenamiento.

Que soy la persona preferida para su custodia no lo noté por mi misma, me lo hizo ver mi familia. Cuando termino mi trabajo y me dispongo a descansar, el pequeño Cozy se debate entre acompañarme o quedarse con mi esposo y empieza una especie de ritual loco en donde ladra y salta tratando de seguirme a la planta alta pero sin decidirse a abandonar a mi esposo. Tengo que huir rápido o engañarlo para evitar el escándalo cada tarde. Desde que Brionna llegó controla a Cozy en sus ataques de locura.  Si tomamos en cuenta que ella es tres veces más grande y pesada, el resultado es un pequeño perro sometido con el peso de una sola pata de ella.

Han vivido varias aventuras juntos, como la mañana desesperante en que Cozy se escapó como siempre y Brionna lo siguió con torpe entusiasmo. Yo estaba sola y no me di cuenta de su fuga, reflexioné que no los había visto merodeando a mi alrededor ni los había escuchado durante un largo lapso y al buscarlos no los encontré adentro. Desde mi lugar alcancé a ver al pequeño fugitivo al otro lado de la calle, pero de la perrita nada. Mi primera reacción fue de tristeza y estuve a punto de soltar el llanto por haberla perdido, después recapacité que si la perrita se convertía en un bálsamo para las demás personas como lo había sido para nosotros, tal vez tenía algún plan divino que cumplir en otro hogar. Ese pensamiento me tranquilizó y traté de despedirme de ella en mi corazón y en mi mente. Contra todo pronóstico -gracias al aviso de una vecina que no identifico-, después de más de media hora de su salida, logramos recuperar a nuestra mascota tras una intensa movilización de mi esposo y de mi hijo por toda la colonia. Desde entonces bromeamos respecto a sus nombres: Cozy “Chapo” Guzmán y Brionna del Castillo son la pareja perfecta.

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 02 de julio de 2016.


Bicis

Llegué al parque donde suelo caminar todos los días. Era una tarde mojada porque a la hora de la comida cayó una lluvia fuerte que refrescó el ambiente de intenso calor que ha predominado en la capital. Percibí escaso movimiento en el área de juegos, igual que en las veredas pavimentadas donde circulamos los pocos que acudimos a ejercitarnos. Esos mismos caminitos pertenecen a quienes rentan bicis o traen las propias. Este martes de junio la actividad es baja. Salvo el puesto de dulces y el de las bicis para rentar, una pareja en arrumacos y tres más con niños, nadie ha venido al área de juegos, mucho menos a los caminos pavimentados. En realidad los mexicanos somos muy miedosos del clima, si llueve tememos mojarnos, si hace viento frío podríamos enfermarnos de gripa. ¿O será, más bien, que el estímulo para salir a enfrentar las adversidades del clima no es  suficiente? Los mismos mexicanos son capaces de adaptarse a las peores inclemencias cuando se trata de ganar en dólares, por ejemplo.

Bueno, me dije, más oxígeno y menos obstáculos al caminar. Empecé con pasos rápidos para activar mi cuerpo. Estaría aquí por los próximos 45 a 60 minutos. El clima era perfecto, de aire fresco sin llegar a ser frío y el cielo mantenía las nubes grises de lluvia a la par que filtraba los últimos rayos de la tarde. Agradecí en mi fuero interno a todas las fuerzas poderosísimas que me han permitido llegar a este periodo de mi vida y sonreí por todo lo bueno que he pasado y por lo que me depara el futuro. Después de diez minutos de circular por las veredas y disfrutar de mi música y del fantástico clima, recapacito que sólo una niña de unos diez años anda en una bici con cuatro ruedas que le queda chica. Nos sonreímos en cada vuelta, yo distraída tratando de ubicarme en el aquí y el ahora para disfrutar de mi tiempo personal, ella como una disculpa por no saber andar en una bici de dos ruedas.

Lo que me saca del ensimismamiento es un niño en bici que sale desde diferentes direcciones y me impide concentrarme. Recapacito que tiene una complexión parecida a la mía y que anda en una bici mediana que también podría soportarme a mí. Sin pensarlo mucho me dirijo al puesto de renta de vehículos y le pregunto a la encargada si puede rentarme a mí –lo subrayo, a mí-, una bicicleta. Claro! Voy por el dinero, le digo. Diez pesos para una hora. Vi someramente las que estaban estacionadas en el puesto, pero cuando regreso y pago, percibo que la mayoría están muy usadas, además de mojadas por la lluvia. Me decido por una de color violeta que se lleva el premio sólo porque está seca y no tiene el asiento tan gastado. Es en el momento exacto en que voy a montarme que me doy cuenta que han pasado unos diez años desde la última vez en que me subí a una bicicleta.

Tengo las manos ocupadas por mi celular para la música, los audífonos colocados y estoy inspeccionando los frenos de la bici. Malas noticias: los frenos no sirven del todo y tengo que oprimirlos a fondo para detener el vehículo, además de que, tal vez, mi peso sobrepase la capacidad de frenado de un solo chicote que va a la llanta trasera. Me pregunto si fue una buena idea rentar. Al ver mis dudas, la señora encargada me dice que tengo hasta las ocho cuarenta para regresar la bici; no se preocupe voy a traerla mucho antes, le contesto. Si el vehículo o la conductora fallan, no habrá nadie que recoja mis huesos del suelo, tendré que apechugar sola con la humillación y el dolor y tendré que levantarme tratando de disimular lo que haya pasado. Sé perfectamente que la gente que está sentada sin hacer nada, estará sonriendo con sarcasmo porque una señora ande en una bicicletita. Una tan pequeña como la que tenía cuando era una niña de diez años, hace algunos lustros ya.

Todas estas inseguridades se desvanecen cuando logro dar la primera vuelta con cautela, midiendo la capacidad de los frenos, adaptándome al tamaño y a los retos de esta bici vieja y enana. La segunda vuelta es más fácil y veloz, reflexiono en que estoy disfrutando profundamente la experiencia. La bici chirria tanto que puedo percibirlo por encima de la música en mis oídos. Los frenos pueden detener más fácil el vehículo si los oprimo varias veces en lugar de una sola a fondo. De hecho la bici no se detiene, sólo disminuye su avance, así que debo instruirme en recordar que en caso de peligro debo bajar las piernas para frenar con los pies, lo cual puede ser un problema porque lo bajo de la bici hace que mis extremidades queden trabadas en la posición de pedaleo. No obstante la tarde fue perfecta. Después de veinte minutos de maravillosas vueltas en bici alrededor del parque y de mi infancia, la entregué con la convicción de que si no lo hacía, mi coxis me reclamaría al día siguiente. Y es así que hoy escribo estas páginas con dolor de mi… corazón. Jaja!

 

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el once de junio de 2016


Primera vez

En estos tiempos atareados en que las primeras veces escasean y son menospreciadas, Cuba ha tenido dos memorables en esta semana: la visita de un presidente norteamericano y la llegada de los Rolling Stones a la isla.


COZY

Nunca antes tuve la fortuna de tener una mascota. Los perros, gatos y demás animales domésticos estuvieron siempre vetados en la casa paterna bajo la consigna de que son sucios y traen muchas enfermedades que pueden ser contagiadas a los dueños. Con esa creencia sólida llegué a esta edad en que algunos intentos previos por parte de mi pareja terminaron abruptamente con la entrega de los perritos a casas adoptivas y la consiguiente tristeza de mis pequeños hijos.

Hoy gozo del cariño de un perrito que llegó a mi vida por casualidad. Mi hijo menor me preguntó si podía recibir de regalo un cachorrito que necesitaba ser acogido porque era el último de su camada. El interrogatorio fue extenso antes de dar mi aprobación: edad, raza, tamaño final, vacunas, quién se haría cargo de alimentar y limpiar al animal y sus deposiciones. Una advertencia perentoria final: si no me sentía cómoda con la mascota, sería devuelta o regalada a mejores dueños.

Así fue como Cozy llegó a nuestras vidas. Un pequeño bultito blanco con muchos caireles que temblaba y se asustaba por todo. Bajo sospecha de estar infectado de pulgas –se rascaba mucho, tal vez como muestra de ansiedad- fue remitido inmediatamente con el veterinario para vacunas y desparasitación urgente. Toda una vida de desconfianza hacia los perros se reflejaba en mi actitud para el cachorro. No permitía que estuviera muy cerca de mí y mucho menos aceptaba cargarlo. Las primeras interacciones fueron escuetas y breves, un pequeño toque, una ligera caricia. Jamás conté con la perseverancia del diminuto can y con el cariño incondicional que él me ofrecería. En cuanto me sentaba, él saltaba a mi regazo. Mis escrúpulos iniciales de bajarlo rápidamente, nada lograron. Cozy volvía a subir y se mantenía junto a mí el mayor tiempo posible. Cuando no alcanzaba mis piernas, me observaba con sus ojitos de osito de peluche –Ricardo dixit-, muy negros y brillantes, fijos en mí con una actitud suplicante de cariño hasta que lo cargaba. Un día reflexioné que Cozy se había convertido en un compañero insustituible y que lo necesitaba porque lo quería, no soportaría que algo le pasara.

Para esas fechas en que mi corazón se doblegaba ante este pequeño ser vivo que nos brindaba cariño, lealtad, amistad y devoción, nuestra mascota descubrió que fuera de nuestro universo existía uno más excitante donde encontraba aventuras diferentes cada día. La calle es un imán poderosísimo que lo atrae como la miel a las abejas. No hay regaño o castigo que impida que salga cada mañana a merodear las cuadras cercanas –en realidad se mantiene dentro del radio de nuestra manzana-. Nuestra preocupación inicial de que pudiera ser atropellado por algún auto o robado por alguien, estaba sólidamente fincada en los avisos de los amigos y vecinos quienes nos decían que habían visto a Cozy unas calles  allá y lo había encaminado de vuelta o lo traían escoltado para regresarlo con nosotros en ese mismo momento. Algunos más habían sido testigos presenciales de cómo la llanta de un auto había rozado su cuerpo o bien cuando el conductor había tenido que frenar intempestivamente para evitar matarlo. Agradecíamos el interés y prometíamos que trataríamos de mantenerlo en casa.

Sin embargo, la astucia del animalito y sus ganas por salir de su ambiente cotidiano y conocido, lo han hecho cada día más intrépido en sus fugas. No hay miembro de la familia que logre detenerlo ni empleado que mantenga una supervisión adecuada del perro. De pronto recordamos que Cozy no está adentro y nos asomamos a la calle para constatar que anda tres o cuatro casas más allá husmeando las jardineras con su clásico andar de trote corto. Los gritos empiezan para llamarlo en todos los tonos y nuestra mascota los ignora con displicencia hasta que su espíritu aventurero es saciado y decide que es tiempo de regresar a la madriguera , casi siempre  en un estado deplorable de suciedad. Hay que recibirlo, le abrimos la puerta con la convicción de que es una bendición que vuelva sano y salvo, aunque vuelva embarrado de toda clase de sustancias que necesitan ser lavadas al instante.

Contrario a lo que pudiera pensarse, Cozy no va a la calle a hacer sus necesidades. Marca territorio con pequeños chorritos pero no defeca ni orina fuera de casa, lo cual nos da mucha risa porque la mayoría de los vecinos sueltan a sus perros o los sacan a pasear con la intención de que dejen sus deposiciones en terreno público, lo que les dará la justificación para no levantarlas porque, según ellos, no les corresponde la limpieza de las calles. En nuestro caso, el perrito regresa puntual a defecar y orinar sobre el plástico que para ese efecto está colocado en el garaje. Por lo tanto, las excursiones de Cozy tienen un sentido pleno de investigación y de disfrute.

Hoy mi mascota ha asumido un rol diferente, sin dejar de escaparse cada mañana se ha convertido en el hermano mayor que debe poner el ejemplo a una nueva integrante fortuita de la familia, la pequeña Briona quien pronto será del triple de su tamaño y de su peso, pero él todavía puede llamarle la atención con mordiscos en el cuello a los que ella se rebela con otros para él. ¿Quién hubiera dicho que sería la feliz dueña de un par de perritos a estas alturas de mi vida?

Publicado en verticediario.com y su versión impresa el 16 de enero de 2016.


EL CHAPOKATE

El presidente Richard Nixon durante los setenta tuvo que dimitir por el escándalo Watergate, desde entonces el subfijo gate se usa como sinónimo de escándalos en Estados Unidos. También en ese país es común la unión de los diminutivos del nombre de las celebridades para señalar a una pareja que está en el centro de la polémica o de la fama. Así, decidí que el título de este artículo sea la conjunción de los nombres de sus protagonistas, Joaquín el Chapo Guzmán y Kate del Castillo quienes estelarizan la novela más escandalosa del momento.

Creo en la bondad del ser humano y tengo suficientes planes propios en la cabeza para desviar mi atención en las intenciones oscuras de los demás, en especial de nuestros gobernantes. Conozco sus carencias y percibo sus aspiraciones económicas a costa del erario público, pero eso no define mi día a día. Sostengo que si cada uno de nosotros fuera menos memexicano y participara mejor en todos los aspectos de la vida de nuestro país, este estaría en una mejor posición porque cambiaríamos nuestra propia percepción de los hechos. Le otorgaríamos menos capacidad maquiavélica al gobierno y nos daríamos un mejor papel como ciudadanos. Sin embargo, los hechos a veces nos rebasan.

Esta introducción tiene que ver con todo lo que se ha venido suscitando en nuestro país desde que el 8 de enero supimos que el Chapo había sido detenido. Los titulares en los medios y en las redes sociales hicieron el señalamiento respecto a que antes de ser aprehendido, el capo había concedido una entrevista exclusiva para Sean Penn por intermediación de la actriz mexicana Kate del Castillo. La mayoría se quedó a ver un video corto del Chapo donde concede la exclusividad a Del Castillo y Penn.

Yo fui a la entrevista, publicada por la revista Rolling Stone, y me aburrí horrores. No ayudó mucho la hora en que logré encontrarla en la internet -más allá de las diez de la noche en que mi sistema operativo empieza a desconectarse- ni la carencia de datos nuevos sobre el capo; tal vez lo más llamativo de la entrevista fue la descripción de las andanzas de Penn para encontrar al Chapo en algún lugar del centro de México. Leí que quien condujo a los actores a través de un camino de terracería fue el hijo del Chapo, Alfredo Guzmán, con sólo bajar la ventanilla del auto logra ser reconocido por un retén militar y se le permite el paso tan rápido que Sean Penn lo expresa así: ¡Wow, eso es todo, ese es el poder de un rostro Guzmán! Tenían a un hijo del Chapo al alcance de la mano y lo dejaron pasar. Una pregunta medular surgió en mi cabecita ingenua de ciudadana común: ¿No sabían dónde estaba el Chapo? Este relato y el resto de la historia confirman que siempre tuvieron al capo ubicado y con el perfecto conocimiento de sus movimientos. Pero necesitaban un momento específico para detenerlo.

La telenovela Chapokate, Chapogate o Katechapo ha tenido un desarrollo lógico: los protagonistas principales se convirtieron en dos amantes platónicos que intercambiaron cientos de mensajes y mantuvieron contacto constante supervisados por el gobierno, quien ahora da a conocer detalles íntimos de la pareja. Ella ha respondido que las historias son falsas y que ella sacará pronto a la luz su propia versión de los hechos. Se deduce que el único que no sabía dónde estaba el Chapo era él mismo, porque el gobierno siempre lo tuvo ubicado, para aprehenderlo cuando el dólar se devaluara; Kate se dejó cortejar, al fin y al cabo todo es ganancia para ella: fama para ella por ser objeto del deseo del hombre más buscado, publicidad para su tequila, una entrevista y una película, y finalmente, la inteligencia mexicana no lo es tanto, aunque su jefe en Sinaloa haya ido a Quantico a darse su vueltecita, porque cuando quisieron atrapar al Chapo se les fue por el drenaje y lo detuvieron por casualidad  dos federales  que ni idea tenían quién estaba agazapado en el focus rojo robado al que le hicieron el alto en una carretera de Sinaloa. No aceptaron riquezas ni negocios para dejar de trabajar el resto de su vida a cambio de hacerse de la vista gorda con el mero capo, su rostro no tuvo tanto poder como el de su hijo.

Publicado en verticediario y su versión impresa el 15 de enero de 2016.


#RippedIntotheHeadline Chapokate soapopera

How long more the Chapokate soap-novela-culebrón is going to last in headlines? She’s answered on Twitter, warning about her own version that will be released soon. =O

¿Cuánto tiempo más la telenovela Chapokate permanecerá en los titulares? Ella  contestó en Twitter advirtiendo que su propia versión verá la luz en breve. =O


Beginnings in English

This a new challenge for me. I will try to write in English this blog and El blog del migrante often. It is my way to look forward in the 2016. I’ve been sharing a lot of posts in English on both Facebook pages because I know I have followers in different countries but I have never written a long post as this one in that language. I hope you can excuse me if I make many mistakes, my interest will be always try to share my feelings and my researches on immigration in the world. Sincerely, Margarita.