PROFESIONALES DEL COMERCIO

fachada minisuperA lo largo de 34 años mi vida ha estado vinculada al comercio en pequeño o microempresa. Primero, cuando mis padres tuvieron que mudarse con toda la familia a un nuevo hogar y acondicionar la planta baja para iniciar un negocio que les permitiera solventar los gastos que generarían los estudios superiores de sus cuatro hijos. Después, hace 20 años, cuando mi esposo y yo nos animamos a comprar esa misma tienda para que mis padres pudieran jubilarse. En ese tiempo he visto transformarse mi negocio de diferentes maneras: acorde a las necesidades de la clientela, en proporción a la mejor atención al cliente y gracias al respaldo de las marcas que ofrecemos en venta.

Los profesionales de la microempresa, en particular las tiendas de abarrotes, tenemos múltiples obstáculos que superar en la vida diaria. Un ejemplo es la discriminación a la que nos enfrentamos por dedicarnos a una actividad que parece que no requiere de una preparación previa. Sin embargo, es una de las labores que más conocimientos requiere para tener éxito: contabilidad, finanzas, leyes, relaciones públicas, management, decoración, entre las primeras que me vienen a la mente. No existe una licenciatura que se promueva como la indicada para quien va a dedicarse al comercio en pequeño; hay carreras para triunfar en los negocios internacionales pero no para poner una tiendita, porque esta actividad se considera la última opción para los que no consiguen un trabajo mejor. Esa falta de visión es la que nos hunde de entrada, nos menospreciamos y dejamos que lo hagan los demás. En realidad, debemos estar orgullosos de nuestra actividad porque con ella damos sustento a nuestras familias y brindamos un excelente servicio a la sociedad, a nuestro estado, a nuestra ciudad y a nuestras colonias.

Este año decidí organizarme con otros  comerciantes de abarrotes para ofrecernos apoyo mutuo y  conseguir ayuda en el lugar donde la ofrezcan para nosotros, los profesionales de la microempresa. Me refiero a nosotros como profesionales porque no hay mejor descripción de alguien que se dedica a alguna actividad en forma profesional que quien abre su negocio todos los días muy temprano por la mañana y lo cierra muy tarde en la noche, tras una jornada agotadora de 14 horas en promedio. Si nos atenemos a la descripción que hace Wikipedia de los profesionales, cumplimos con cada uno de los requisitos: “persona cuyo sustento de vida es a través del ejercicio de una actividad laboral especifica…(y que)…están sujetos a estrictos códigos de conducta, rigurosa ética profesional y obligación moral con la sociedad.” Muchos no estudiaron una carrera universitaria, otros la cursaron pero no encontraron un lugar en donde laborar con un sueldo que les permitiera mantener a su familia, unos más ya estuvieron en algún empleo bajo las órdenes de otro y se dieron cuenta de que era mejor empezar algo propio; las posibilidades son tan variadas como las personalidades que están detrás de un mostrador. Todos, sin embargo, nos regimos por la misma ética profesional: atender al cliente que nos visita de la mejor forma posible y brindar la más amplia variedad de productos, porque de la combinación de ambas variables dependen nuestros ingresos. Somos  miles y, al mismo tiempo, somos una especie en extinción debido a la gran acometida de las llamadas tiendas de conveniencia que están saturando el territorio nacional, exterminándonos uno a uno porque no tenemos conciencia de gremio y estamos dispersos.

A través de esta columna invito a mis compañeros microempresarios a unirnos para conformar una agrupación que vele por nuestros intereses y nos permita acometer los desafíos que estos tiempos nos presentan, en primera instancia a través de WhatsApp, después con reuniones periódicas para elegir a nuestros representantes y, por último, conformar una asociación debidamente legalizada. Para todos los comentarios pongo a su disposición el celular 7471566968  y el email de la agrupación de comerciantes en pequeño AGRUCEP@hotmail.com.

 

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DE CROL Y OTRAS TÉCNICAS

alberca

DE CROL Y OTRAS TÉCNICAS

Han pasado dos años desde que comencé a nadar en la escuelita; después de varios meses de asistir en forma constante, las mañanas frías de invierno se interpusieron entre la alberca y yo. Volví hasta el verano pasado debido al cierre para remodelación de las instalaciones y decidí retomar por mi cuenta mi instrucción natatoria. De mi disciplinada experiencia como alumna para aprender a dar brazadas y patadas con la tabla y de conquistar nuevas técnicas como dorso y mariposa, he avanzado en forma autodidacta hasta conseguir tres kilómetros de crol en sesenta minutos sin parar, sin cansarme y sin forzar ninguna parte del cuerpo.

Espero con ansias mis citas con la alberca, dos veces a la semana voy a disfrutar de un tiempo sólo para mí en un espacio techado con cinco carriles de agua cristalina, que me permite olvidar cualquier obstáculo en mi vida diaria. El horario de la alberca está siempre lleno de alumnos que van a la escuela de natación muy temprano en la mañana y, por las tardes, a partir de las dos. Los de nado libre sólo tenemos de 11 a 13.59  para visitar a nuestra querida piscina: el tiempo que toma hacerle servicio entre las tandas de estudiantes. Así, mis visitas están llenas de aromas químicos: ácido muriático, cloro y demás agentes limpiadores que desconozco pero que aportan calidad y claridad del agua y hacen que los mosaicos reflejen la luz como espejos. En las ocasiones en que remueven toda el agua para limpiarla a fondo, tengo que hacer acopio de concentración para imaginar que voy de noche cruzando  el Canal de La Mancha porque la turbiedad del agua me impide ver más allá de mi brazada y rezar para no encontrarme con otro nadador o nadadora de frente.

Mi cuerpo no siempre está dispuesto para ejercitarse y debo apelar a toda mi disciplina para manejar hasta el polideportivo. Por ejemplo, de enero a junio asumí que sólo con mis visitas a la alberca lograría mantener mi peso -preocupación común en mí porque sucumbo a la tentación de la repostería-, dejé de caminar y, después del tiempo necesario para ganar algunos kilos, me di cuenta de que mi rendimiento disminuía en la natación. No sólo había engordado, había perdido condición física y no lograba completar los dos kilómetros en tres cuartos de hora como hacía con regularidad. Decepción total, mi ánimo decayó y estuve a punto del abandono. Pero no, la natación me brinda la tonificación que no me da la bicicleta ni la caminata o el baile. Así que, con pesar, me enfundaba en mi traje de baño, me colocaba mi gorra y mis googles para visitar la alberca, y tenía que soportar en silencio sus reclamos por mis jadeos,  mi lentitud y mi evidente falta de ritmo. Hasta que un día lo logré otra vez sin problema: dos kilómetros completitos sin perder el ritmo de mi respiración y con una concentración casi absoluta que permitió que cada parte de mi cuerpo contribuyera positivamente durante el nado.

Ya todo fue soltarme el pelo ¡ja!, porque decidí que tenía que intentar eso que parecía imposible para mí: aprender por mi cuenta a girar para hacer una vuelta de 180 grados que me permitiera nadar sin descanso durante los mismos 2700 segundos de cada sesión. Tenía que recordar evitar el exceso que me ha dado algunos dolores de cabeza a lo largo del tiempo en que me he ejercitado durante mi vida adulta. Pero ¿cómo podía resistirme? Cuando me di cuenta de que llevaba 40 minutos sin parar, caí en la tentación: me aventé los tres kilómetros en una hora y, para rematar, me fui de fiesta. Bailé tres horas con tacón alto y tuve dos semanas de arrepentimiento por el dolor en las rodillas. Volví a prometer que sería mesurada en el futuro.

Mi amor por la alberca es retribuido, no por ella sino por mis vecinos de carril, casi siempre hombres, de todas las edades y condiciones físicas: chavos que me toman como su inspiración para romper récords imaginarios, ignorantes de que yo no trabajo en velocidad sino en resistencia; señores gordos y flacos que tratan de sostenerse en el agua durante más de quince minutos seguidos para impresionarse a sí mismos. El mejor homenaje a mis esfuerzos fue el de dos jóvenes que desde que entraron al agua se dedicaron a tratar de adivinar el momento en que mis fuerzas flaquearían y saldría tosiendo y con la lengua de fuera. Hubo un momento mágico en que ambos se colocaron en los carriles contiguos y, como fanáticos que esperan el arribo de su ídolo en la alfombra roja, uno a la izquierda y otro a la derecha, analizaron mi vuelta de campana durante mi largo número 63.

Yo no compito con ellos sino conmigo misma, por eso este reloj ya deteriorado por el cloro ha sido mi gran aliado. Mide mis tiempos, mis vueltas, mi velocidad, mis brazadas, todo mi desempeño en el agua y divide cada ronda de 25 metros en dos con un toque vibrante, de manera que al terminar la hora he recorrido más de 100 largos con una velocidad media de 2,7 kilómetros, con 32 de promedio en swolf y he quemado 547 calorías. Mi cita con la piscina ha valido la pena.

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 07 de octubre de 2017.


El vuelo de las mariposas

EL VUELO DE LAS MARIPOSAS

Las mariposas representan transformación, son fuente de inspiración para quienes buscan evolucionar, dar paso a una mejor versión de sí mismos. Antes, durante los veranos de lluvias regulares, era posible verlas por doquier realizando su labor de polinización entre las flores y plantas de nuestra región. Recuerdo que las enredaderas de flores blancas que subían desde el jardín de mis vecinos hasta la azotea de mi casa, rebozaban de pequeñas y grandes mariposas de muchos colores. Eran blancas, pequeñitas con alitas casi transparentes, y enormes, aquellas que con sus fuertes alas podían sacudir China. Una mariposa extiende sus alas y un terremoto acontece en el otro lado del mundo.

Conocemos los grupos de animales que se encuentran en peligro de extinción y los tenemos muy presentes porque muchos son especies protegidas por los gobiernos, en el afán de rescatarlas de su fin inminente. Mantenemos bajo vigilancia constante a la vaquita marina en el golfo de Cortés, a los osos panda en Asia, a los elefantes en África, casi todos grandes especímenes que pueden ser encerrados y monitoreados para que logren su supervivencia.

No he oído mencionar a las mariposas entre las especies protegidas, salvo la monarca. La icónica migrante, con su cruce internacional de fronteras desde Canadá hasta los maltrechos y deforestados bosques michoacanos, sí es vigilada por las entidades gubernamentales por su belleza impresionante, por la extensión de sus poblaciones y por sus recorridos predecibles. Es la única que porta la estafeta en nombre del resto de sus compañeras, menos bellas pero igual de útiles para la fertilización de la flora del planeta.

Nadie habla de las mariposas comunes, las de un solo color y con diseños más sencillos. Las recuerdo rosas con rayitas negras formando dibujos personalizados sobre sus lomos, de pálidas alas amarillas o todas negras que inspiraban miedo y blancas, tan blancas que al tocarlas las yemas de los dedos quedaban impregnadas de brillante polvo blanquecino difícil de quitar. Las había enormes que parecían paraguas brindando sombra a sus compañeras y permitían distinguir todas las partes de su cuerpo a simple vista, ojos, antenas y largas patas.

Tengo que admitir que fui irresponsable. A los seis años de edad no había leído lo suficiente para saber que debemos seguir un código de conducta cuando nos acercamos a la naturaleza, no debemos dejar desechos ni debemos afectar la vida de la flora y la fauna. Nadie me advirtió que no debía tocar a las mariposas y mi entusiasmo infantil al verlas rodearme me llevó a tratar de guardar un recuerdo de ellas. Entre cientos de mariposas de todos tamaños y colores que revoloteaban sobre las copas de las flores, tomaba algunas y las guardaba en un frasco. A veces sólo me limitaba a recoger caídas y admiraba sus delgadas patitas llenas de colorido polen, su cuerpo cubierto por una capa de pelusa suave, sus ojitos saltones y sus antenas dobladas por la desgracia. Muchas habían sucumbido ante la última lluvia fuerte y otras habían cumplido su ciclo natural de vida.

De todo esto hace más de cuatro décadas, las más agitadas de nuestro planeta con sus refinados e imparables descubrimientos en el ámbito de la tecnología. Teléfonos celulares de todos tamaños y grosores pueden verse en las manos de casi cualquier niño y adulto del planeta. Nos vanagloriamos del alcance de nuestro wifi pero hemos olvidado la gloria de ver revolotear una mariposa a nuestro alrededor.

Ya no hay mariposas que admirar, no existen más esas grandes manchas coloridas buscando refugio y alimento entre las flores. Sus alitas ya no hacen el ruido sutil que podía escucharse cuando te tirabas al sol junto a ellas. Pronto descubriremos que nuestro planeta está tan callado sin ellas como un frasco sellado al vacío. Y cuando recapacitemos, nos daremos cuenta que nuestra suerte también está sellada por su ausencia.

Publicado en verticediario.com y su versión impresa el 22 de julio de 2017


CÉSAR ARMENTA

CÉSAR

Es una persona de respuestas francas y directas, con una gran energía que vuelca en el trabajo de tiempo completo que realiza al lado del gobernador del estado de Guerrero, Héctor Astudillo Flores. Si tomamos en cuenta su descripción de sí mismo, diríamos que en lugar de trabajar se la pasa haciendo amigos en la labor que le apasiona: ayudar a la gente desde cada puesto en que le ha tocado desempeñarse en los últimos años. No quiere ser catalogado como político sino como un hombre que vive rodeado de política. No desea epítetos que lo distingan por su preparación académica ni ser llamado de usted sino por su nombre de pila, el que sus padres le regalaron: César.

César Armenta nació en Chilpancingo de padre costeño, de Tenexpa, y de madre sierreña, de Amojileca, quienes le transmitieron los valores que desea que perduren en nuestra sociedad, la perseverancia, la sencillez, la alegría y el esfuerzo para conseguir las metas planeadas. Se graduó en arquitectura pero la política lo llamó desde muy joven porque su padrino, mentor y amigo se desenvolvía en esa área. Al integrarse al equipo de Héctor Astudillo ha desempeñado diversos cargos como el de síndico en la capital y actual secretario particular de gobierno desde donde ha ayudado a los guerrerenses en sus proyectos personales y comunitarios.

César es un optimista irredento: “Venimos a este mundo a ser felices”. Escucharlo hablar sale de lo trillado, parece más un motivador que inspira a su audiencia, le da fuerza y le recuerda el rumbo para continuar hasta el final. Los políticos prometen, César se compromete y compromete a los que lo escuchan para trabajar en conjunto y lograr lo que se ha planeado. No se trata de la clásica cantaleta de prometo que voy a hacer o voy a darles algo, sino de díganme en qué puedo ayudarles y vamos a hacerlo juntos para que todos estemos satisfechos con el resultado final. ¿Cuáles son los pasos a seguir? Escuchar, identificar, comprometerse y trabajar.

El trabajo es más fácil si estamos todos en las tareas que requieren nuestro país, nuestro estado y nuestro municipio. Conjuntar esfuerzos es el papel de un líder que motiva a sus conciudadanos en la ruta de mejorar lo que se puede y rehacer lo que no tiene salvación. No dejemos que nuestro municipio se hunda en un caos sin retorno, tenemos que participar de manera abierta y coordinada para hacer que quienes nos gobiernan sepan que estamos atentos a lo que hacen y a lo que dicen, pero no dependemos de ellos.

No deseamos más políticos improvisados, que no tienen oficio y que se comportan como monarcas elegidos por los dioses. Necesitamos políticos jóvenes como César, con nuevas perspectivas, intereses amplios, muy preparados y forjados en el trabajo arduo y constante que

es el único que da resultados que pueden presumirse sin ambages. El factor indispensable para el desarrollo de nuestra democracia es la ciudadanía, todos esos ciudadanos comunes y corrientes que al sumarnos damos sentido a los valores democráticos: transparencia, honestidad, respeto, tolerancia y participación. Seamos copartícipes en la toma de decisiones y convirtámonos en ciudadanos activos de la democracia para bien de nuestra entidad.

Publicado en verticediario.com y su versión impresa el 17 de julio de 2017.


MAZATLÁN

A veinte kilómetros al sur de Chilpancingo, Guerrero, se encuentra un poblado con el nombre de Mazatlán o tierra de venados. Por aquí pasó el barón Alexander Von Humboldt siguiendo la Ruta de Asia a principios de 1803 e hizo constar que esta tierra tiene el mejor clima del mundo y una de las más amplias variedades de fauna y flora, como lo escribió en sus crónicas conocidas como Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. El licenciado Juan Carlos Robledo Saldaña, oriundo que mantiene una relación estrecha con su pueblo y con su gente, me cuenta al respecto y se extiende en referencias sobre el tema.
Mazatlán tiene un prestigio internacional como proveedor de mezcal de gran calidad, el cual se extrae del agave cupreata que se siembra en los alrededores por los lugareños. Una botella de ese mezcal antiguamente destilado para el consumo y la venta local, con la que muchos de los contemporáneos del licenciado Robledo –incluido él mismo- pagaron sus estudios, ahora puede encontrarse exhibido en el Palacio de Hierro de Polanco o servido en los mejores restaurantes del mundo bajo el exclusivo nombre de Amores . Es una lástima que sus padres no puedan ver el éxito que hoy tienen sus cultivos de agave. A ellos, a los ancestros, les tocó la época en que Hacienda castigaba su iniciativa de sembrar el maguey y aparecía en cualquier momento para destrozar los plantíos en su afán de desincentivar la compra-venta de alcohol.
Hoy son otros tiempos. Además de que sus descendientes están ampliando las zonas de cultivo del cupreata para satisfacer la elevada demanda del preciado líquido obtenido por destilación, la faz del pueblo ha cambiado. Las frescas casas de adobe con techo de tejas y con su corredor al frente han dado paso a las más prácticas casas de concreto que no tienen la belleza de las de antaño. Muy pocas quedan el centro del poblado donde también se encuentra la iglesia recién remozada y el pequeño zócalo de esta comunidad que debería estar integrada a la lista de pueblos mágicos de México, en opinión de Robledo Saldaña y de muchos de sus paisanos.
También en el centro de Mazatlán se encuentra la cancha techada donde se llevaron a cabo las elecciones para comisario municipal el domingo dos de julio con una meritoria la participación política de los lugareños. Las urnas recibieron un promedio de dos mil sufragios en total, divididos entre las diferentes planillas que contendían por el cargo electoral en un poblado de cinco mil habitantes. La planilla blanca integrada por Leticia Gutiérrez, Óscar Hernández, Mario López y Christian Rubí como suplente, tuvo el honor de ganar el cargo en el que se desempeñarán durante un año cada uno. Asistí desde lejos al conteo de los votos y atestigüé el grado de excitación que causó entre la población la cerrada contienda electoral. A pesar de que el resultado final favoreció por exiguos votos a la planilla ganadora, la civilidad de los ciudadanos mazatlecos fue irrestricta y debe ser reconocida como la fiesta cívica que debe prevalecer en estos casos.
Ese domingo la algarabía normal del día de asueto se conjuntaba con el interés de los nativos, adultos y niños, por conocer cuál sería el equipo triunfador. Había un público amplio rodeando la cancha y el pequeño zócalo con ojo vigilante para que el proceso electoral fuera transparente. Era un gusto escuchar a los niños decir a sus padres y a sus abuelos las cifras que escuchaban de quienes estaban a cargo del conteo para, al final, gritar a todo pulmón: “Sí se pudo, sí se pudo, ganó la blanca, ganó la blanca.” Este fin de semana estaremos en Mazatlán festejando la toma de protesta de la comisaria municipal, está usted cordialmente invitado.


Ricardo

Hace veinte años, el 6 de abril a las 3.30 p.m., nació mi segundo hijo, Ricardo. Ese domingo nos levantamos temprano para salir de paseo. Noté una gotita de sangre en el papel  cuando fui al baño y nos fuimos de inmediato al hospital. -Busquen a su ginecólogo, fue la indicación del médico de guardia. El doctor Hernández nos confirmó el diagnóstico: el bebé estaba sufriendo y necesitaba operar de urgencia. -Requiero un equipo con anestesista, pediatra y enfermera.

¿Dónde están todos los médicos en domingo? Mi ginecólogo nos hizo favor de reunirlos y a las tres de la tarde estaba en la plancha temblando involuntariamente de frío y de miedo. Cortaron mi vientre y sentí el dolor de la manipulación de mi carne, grité con todas mis fuerzas que me pusieran más anestesia. -No podemos darte más porque tu bebé va a nacer dormido y no sabremos si estará bien, ¿eso quieres? -No. Después de minutos eternos, el anestesista dijo ahora sí vamos a dormirte. Antes de perder el conocimiento recapacité en que el  reloj en la pared estaba atrasado, no le habían cambiado la hora y aún marcaba las 2.30 del horario de invierno.

No supe cuánto tiempo pasó hasta que desperté en la cama de mi cuarto de hospital. El bebé llegó antes que yo porque al realizar la cirugía los médicos encontraron una enorme hemorragia interna que hizo dudar si nos salvaríamos ambos. Tienes que elegir, le plantearon a mi esposo, ¿la madre o el niño? Ese bebé indómito había desprendido la placenta con la animosa energía que lo caracteriza desde entonces. En lugar de esperar a mayo, Ricardo decidió que la inauguración del horario de verano en México sería la fecha adecuada para conocer el mundo e imponer su voluntad.

Mi hijo tiene anécdotas que demuestran su férreo carácter desde niño. Aunque su hermano mayor era su principal víctima, sus padres, sus tíos, sus abuelos y sus profesores sucumbimos a sus exigencias de diferentes maneras. Una hazaña da cuenta de sus alcances. El verano de sus cuatro años recién cumplidos los inscribimos en el curso del CREA. El segundo día acudimos temprano hasta las instalaciones deportivas en nuestro auto. Los niños con su mochilita y un  lunch ligero para la media mañana. Dos horas después, Ricardo apareció en la puerta de la casa. Salimos corriendo en busca de su hermano o de algún adulto que lo acompañara. -¿Por qué no estás en el deportivo? -No me gusta el curso así que me vine. ¿Cómo? ¿Con quién? -Yo solo, caminando. ¿Desde el CREA? -Sí.

Teníamos que reclamar a los encargados del curso. Durante el camino de regreso -3.5 kilómetros y 40 minutos a pie, según Google Maps- el niño nos fue indicando por dónde había caminado solo cruzando avenidas congestionadas de autos, la lateral de la autopista y la construcción del paso elevado que comunica el lado oriente con el poniente de la ciudad a la altura del Congreso. Choferes de camiones de volteo entrando y saliendo sin una mínima idea  de que un niño pequeño podía cruzarse en su camino de salida en reversa. En el estacionamiento de la recién inaugurada Comercial Mexicana, Ricardo nos explicó que le había dado hambre y se sentó bajo un árbol junto al encauzamiento a ingerir su lunch. En el deportivo, las profesoras ni siquiera se habían dado cuenta de que Ricardo había escapado. Desde ese día redoblaron la vigilancia y cerraron los accesos porque un niño de escasos cuatro años burló su pésimo cuidado.

Mi hijo tiene capacidades tan excepcionales que se aburre con la cotidianidad. Al año y medio se expresaba con un extenso vocabulario en español y aprendió inglés como un nativo en los dos meses que contratamos televisión por cable con caricaturas en ese idioma cuando tenía cinco años. A los trece le pedí que acompañara a Moi a un verano en Estados Unidos porque yo sospechaba que sabía mucho más inglés de lo que aceptaba. Al pasar por la aduana de ingreso fungió primero como traductor entre el agente y su hermano, pero cuando el empleado federal se dio cuenta de lo bien que se desenvolvía en inglés lo convirtió en el interlocutor principal de la entrevista, un papel casi siempre reservado a los adultos.

También es perseverante y gran abogado, si discutimos sobre cualquier tópico en el que diferimos, solemos tener una batalla verbal larga y complicada –casi siempre divertida- que sólo se resuelve con una frase contundente que deje al otro sin palabras. Te amo, hijo, te admiro y deseo que la vida te depare salud y felicidad que lo demás es accesorio. ¡Feliz cumpleaños, Ricardo!

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 10 de abril de 2017.


AMOR MÍO

AMOR MÍO

Para mi esposo y cómplice Moisés García Gutiérrez

Este dieciocho de noviembre es mi aniversario de bodas. Quiero compartir unas líneas que escribí a las que no puedo denominar poesía pero tampoco prosa. No domino esta última y soy neófita en la primera. Las palabras siguientes desean expresar mis sentimientos hacia la persona con quien comparto la existencia desde hace veintiún años.

Amo tu respiración suave y delicada, apenas alterada por la posición de tu cuerpo y tu cabeza. Estar lejos de ti cada noche es una tortura. Te necesito a mi lado, añoro tu abrazo tibio y protector. No quiero que te muevas, quiero que estemos juntos toda la noche.

Amo tus manos ardientes y firmes, tus manos suaves y consoladoras. Las mejores manos que pueden cubrir mi cuerpo y calmar mis ansias. Quiero refugiarme entre tus brazos, sentir tu respiración caliente y dulce, agitada y húmeda, comprobar que estás vivo.

Veinte años a tu lado y te amo como la primera vez. Mi amor entusiasmado hoy es una flama intensa que llevo en el pecho y me hace desearte en las horas más inesperadas al descubrir tus gestos y miradas, al saber que tú también me amas y deseas.

Quiero oler tu piel y sorprenderme con su frescura, quiero sentir tu cuerpo relajado volverse músculos endurecidos. Quiero la pasión que nos invade, diluida entre suspiros y abrazos y palabras suaves. Te amo, cariño, te extraño cada noche en la lejanía del sueño individual. A unos centímetros de ti, anhelo buscar tu pecho y reposar mi cabeza entre tus brazos para encontrar el sentido de mi vida, la fuente de mi razón.

Quédate a mi lado, no te muevas, no me alejes de tu torso y de tu aroma, de tu respiración y de tu amor. Déjame quedarme toda la noche en tu abrazo, el único que nos permite revivir el pasado, aferrarnos al presente y soñar el porvenir.

Publicado en Vértice en noviembre de 2010.